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Columnas Mar de fondo

La negación de la realidad

Una de las cosas que está causando más decepción y desencanto con respecto al gobierno de Andrés Manuel López Obrador no es tanto el cúmulo de problemas que debe enfrentar, sino que los niegue o que les dé la vuelta citando un sin número de justificaciones.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Una de las cosas que está causando más decepción y desencanto con respecto al gobierno de Andrés Manuel López Obrador no es tanto el cúmulo de problemas que debe enfrentar, sino que los niegue o que les dé la vuelta citando un sin número de justificaciones.

Mientras que para una parte de la población, que tiende a aumentar cada vez más, los problemas del país se están incrementando o se están saliendo de control, para López Obrador, en cambio, “todo está bien”, “no hay malestar social” y la “gente está feliz” declara de manera insistente.

En la visión de AMLO, como lo hacían antes los gobiernos priistas, los problemas los hacen los grupos opositores o los enemigos de su gobierno, los conservadores y los neoliberales que en general intentan sabotear su gobierno, seguidos por algunos medios afines.

El caso más sensible y por donde se está rompiendo el hilo y la confianza en el gobierno de AMLO, es el de la violencia y la inseguridad que está alcanzando niveles insostenibles en casi todo el país, incluyendo de manera particular el caso dramático de los feminicidios y la muerte de niños, pero también el desplazamiento forzado de muchas comunidades en varios estados de México.

López Obrador se ha mostrado insensible ante esta tragedia, por decir lo menos, pero sobre todo sin una estrategia, sin claridad y abiertamente en contra de los grupos y colectivos que reclaman acciones y piden justicia. El caso más reciente es el de la niña Fátima en la Ciudad de México. Mientras cunde la indignación y la rabia en varias partes del país, AMLO crítica y desvía la atención hacia asuntos menores y verdaderamente irrelevantes.

¿Por qué esta enorme disonancia y falta de empatía del gobierno de López Obrador ante el dolor y el sufrimiento que está produciendo el clima de violencia en nuestro país? Una situación muy parecida a lo que sucedió bajo el gobierno de Enrique Peña Nieto, que nunca quiso distraerse de sus famosas reformas estructurales.

Hoy en el gobierno de AMLO sucede lo mismo. La explicación, desde mi punto de vista, es que la violencia y la inseguridad que priva en el país trastocan la agenda del gobierno y lo empuja hacia una problemática de mayor complejidad y de la que no es fácil salir una vez que se ha decidido abordar el problema.

Es decir, AMLO ignora el asunto de la violencia o intenta ignorarlo porque, en realidad, el gran proyecto que supuestamente significa la 4T, con sus supuestos cambios de régimen y de las instituciones, quedaría completamente opacado al poner en el centro el problema de la criminalidad y la inseguridad nacional.

La 4T no vino a sofocar al crimen organizado en el país, a restablecer el orden y conseguir la paz social, o a construir un Estado de Derecho, que son temas prioritarios de la nación; no es esta la función histórica que AMLO se ha propuesto desde un principio y desde su mesianismo político, sino, si acaso, cambiar el balance de fuerzas o de poder.

Pero, he aquí el gran problema de fondo: si el gobierno federal esquiva el asunto de la violencia y la inseguridad para no ser arrastrado a esa espiral en la que cayó el gobierno de Calderón y en parte el de Peña Nieto, de todos modos el gobierno de López Obrador terminará cuestionado y criticado por su inanición y su falta de estrategias ante la delincuencia organizada.

Hay una cosa evidente que el gobierno de López Obrador debería tener perfectamente claro: si no se recupera en el país un clima de tranquilidad y de paz de manera inmediata, el gobierno federal no va a poder avanzar en ningún otro rubro y ningún otro proyecto podrá cristalizar. La 4T terminará en un rotundo fracaso, como han terminado los tres últimos gobiernos.

La gente en México puede aguantar o resignarse un poco a la falta de crecimiento de la economía, la falta de empleos suficientes y bien remunerados, la baja calidad de los servicios educativos y de salud, o bien a la ineptitud de sus gobernantes (que es el signo que están mostrando los gobiernos de Morena hasta ahora), pero no se va a resignar a esta ola de violencia y matazón que está sufriendo el país.

El discurso sobre el neoliberalismo como principal responsable de esta crítica situación, como señala AMLO, es infantil y sólo sirve como argumento ante sus simpatizantes, pero no entre otros grupos sociales con mayores niveles de escolaridad y de información política. Esto quiere decir que la disonancia entre el gobierno y la gente seguirá ampliándose, si no hay resultados pronto. Es la realidad.

*El autor es analista político

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