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Jugándole al tío Lolo con el semáforo rojo 

Cada vez que los semáforos cambian de amarillo a rojo, los cañones mediáticos y gubernamentales apuntan sobre los restaurantes, bares e incluso al corazón de las reuniones familiares.

Por Jousín Palafox*

Cada vez que los semáforos cambian de amarillo a rojo, los cañones mediáticos y gubernamentales apuntan sobre los restaurantes, bares e incluso al corazón de las reuniones familiares. Quizá haya algo de razón, pero solo algo… Al menos en los comercios dedicados a los alimentos y bebidas, existen protocolos de sanitización, monitoreo, limpieza, control de entrada, sana distancia y cupo limitado, además sus trabajadores obligadamente usan cubrebocas y hasta caretas de acrílico en todo momento. En lo que se refiere a reuniones familiares, allí sí cada miembro de la misma es responsable de su interacción personal con los demás, sin embargo en un asunto en donde ningún nivel de gobierno o autoridad tiene potestad.  

Al cambiar el número de contagios y encender el semáforo de alarma, ya por automático, los gobiernos vuelven a insistir en restringir “curiosamente” a los comercios más estrictamente vigilados y regulado, anteriormente citados, sin embargo, el transporte público sigue atestado. Allí no existe ningún protocolo sanitario, ni uso de cubrebocas y de sana distancia ni hablemos, porque todos se sientan a milímetros de distancia y en algunos casos van hasta unos encima de los otros. Es ridículo pensar que es peligrosísimo meter al más del 30% de personas a un restaurante o bar, pero en el transporte masivo, allí ningún peligro se puede detectar.  

Pero no sólo es el transporte urbano, sino los sobrerruedas (tianguis), en donde los controles de entrada son sólo un parapeto para jugarle a “Tío Lolo” y retacar las calles junto a sus comercios ambulantes, con toda la gente que quepa. ¿Allí tampoco hay problema, ni riesgo de contagio verdad? La culpa sigue siendo de los bares, restaurantes, cines, gimnasios y reuniones familiares. ¡Obvio!  

Y para rematar los ejemplos reales de hacinamiento social, baste con darse una vuelta por maquiladoras, donde los trabajadores (por miles) siguen trabajando a centímetros de distancia, porque la industria y la economía no se puede frenar. Allí sí pueden estar juntitos en la línea de producción, ¿verdad?  

Transporte, sobrerruedas, maquiladoras y no se diga en nulo control de la frontera, esos son los verdaderos problemas, pero todos los niveles de gobierno les dan la vuelta, pues es más sencillo culpar a los negocios establecidos que ya tienen tapete, termómetro y gel antibacterial. Por algo la pandemia aún no se puede controlar, pero sigan simulando o negando a los verdaderos culpables y a ver en 2021 cómo nos va. 

*El autor es graduado de la licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio.

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