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Adán y Eva cometieron un pecado, pero en la clase de catecismo Pepito no podía recordar cuál era.

Por . Catón

Adán y Eva cometieron un pecado, pero en la clase de catecismo Pepito no podía recordar cuál era. El padre Arsilio trató de ayudarlo: "Fue el pecado ori. ori.", "¡Horizontal!" -completó triunfalmente Pepito. Doña Gorgolota, reciente viuda, dejó estupefactas a sus amigas cuando les anunció, feliz, que iba a contraer nuevas nupcias. "Pero, Gorgo -le dijo consternada una de ellas-. Apenas hace un mes que tu esposo se marchó ¿y ya vas a casarte otra vez?". Contestó doña Gorgolota: "Eso les probará que no soy rencorosa". Un individuo chaparro y más flaco que una buena intención se plantó en medio del atestado bar -esto sucedió antes del coronavirus- y paseando la vista a su alrededor declaró con acento retador: "Calculo que todos los aquí presentes son unos culeros". (La palabra es malsonante, bien le sé, pero eso fue lo que el tipejo dijo). Todos se quedaron boquiabiertos al oír aquello. Sin embargo ninguno respondió. En medio del silencio generalizado el lenguaraz sujeto salió del establecimiento. Un hombre que bebía en la barra le dijo al cantinero: "¡Qué descaro el de ese méndigo chaparro!". Replicó el de la cantina: "Deje usted el descaro. ¡Qué buen cálculo tiene!". El asistente de don Algón le informó: "A la señorita Rosibel se le cayó un frasco de píldoras anticonceptivas en la copiadora". Preguntó el ejecutivo: "¿Se descompuso el aparato?". "No -respondió el empleado-. Pero seguramente por algún tiempo no va a reproducir". El maestro de Derecho Penal instruyó a sus alumnos: "Si uno de ustedes hace el amor con una mujer mayor de edad sin su consentimiento, eso es un delito. Si hace el amor con una mujer menor de edad, aunque sea con su consentimiento, eso también es un delito. Pero si hace el amor con una mujer mayor de edad con su consentimiento, entonces. ¡felicidades!". Don Poseidón le dijo a su esposa: "Son ya las 12 de la noche y el novio de Glafira no se ha ido. Si dentro de 15 minutos no se despide bajaré a pedirle que se vaya". "Déjalos -sugirió doña Holofernes-. Recuerda cómo éramos tú y yo de novios". Don Poseidón se sobresaltó: "¡Entonces voy a bajar ahora mismo!". Una madura célibe hacía recuerdos de su juventud con sus sobrinas. Les contó: "Todos los novios que tuve eran unos ángeles". "Es cierto -confirmó su hermana, la mamá de las chicas-. Todos volaron". Don Chinguetas dijo en el club: "Mi esposa es gitana". "Qué interesante -comentó uno de los socios-. ¿Pertenece a la raza calé?". "No -aclaró don Chinguetas-. Digo que es gitana porque cada vez que llego tarde a la casa me hace ver mi suerte". La señorita Peripalda, piadosa catequista, pasó a mejor vida. En el Cielo la recibió San Pedro, el portero de la morada celestial. Le dijo: "Por tu vida de virtudes mereces estar aquí. Lamentablemente ahora no tengo un aposento disponible para que lo ocupes, y el purgatorio está igualmente lleno, de modo que deberás pasar unos días en el infierno. Tan pronto haya un lugar libre iré por ti". A los pocos días la señorita Peripalda llamó llena de angustia por teléfono al guardián de las llaves. "¡Ven por mí, San Pedro! ¡Aquí hay mujeres malas! ¡Ya me enseñaron a fumar!". El apóstol le prometió ir pronto por ella. Pasaron unos días más y la catequista volvió a llamar, desesperada, al portero celestial. "¡Por favor, San Pedro, ven por mí! ¡Las mujeres malas ya me enseñaron a beber licor!". De nueva cuenta el celestial portero le prometió que iría por ella lo antes posible. Días después San Pedro recibió otra llamada de la señorita. "Ya no te molestes en venir por mí, Perico. ¡Las mujeres malas ya  me enseñaron lo demás!". FIN.

* El autor es licenciado en Derecho y en Lengua y Literatura 
Españolas, y cronista de Saltillo.

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