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Columnas Camelot

Historias que contar

José Ortega y Gasset, a mi juicio el más grande intelectual español del siglo XX, en su obra “La rebelión de las masas” contó el siguiente relato, desde que la leí por primera vez me pareció una gran historia, por ello quiero contársela.

Somos lo que hacemos

José Ortega y Gasset, a mi juicio el más grande intelectual español del siglo XX, en su obra “La rebelión de las masas” contó el siguiente relato, desde que la leí por primera vez me pareció una gran historia, por ello quiero contársela.

Cuentan, sin insistir demasiado sobre la realidad del hecho, que cuando se celebró el jubileo de Víctor Hugo fue organizada una gran fiesta en el palacio del Elíseo, adonde concurrieron, aportando su homenaje, representaciones de todas las naciones. El gran poeta se hallaba en la gran sala de recepción, en solemne actitud de estatua, con el codo apoyado en el rebote de una chimenea. Los representantes de las naciones se iban adelantado ante el público, y presentaban su homenaje ante el vate de Francia. Un ujier, con voz de Esténtor, los iba anunciando:

“Monsieur le Représentant de l´Angleterre!” Y Víctor Hugo, con voz de dramático trémolo, poniendo los ojos en blanco, decía: “L´Angleterre! Ah Shakespeare!”. El ujier prosiguió: “Monsieur le Représentant de l´Espagne!”. Y Víctor Hugo: “L’Espagne! Ah, Cervantes!”. El ujier: “Monsieur le Représentant de l´Allemagne!” Y Víctor Hugo: “L´Allemagne! Ah, Goethe!”

Pero entonces llegó el turno a un pequeño señor, achaparrado, gordinflón y torpe de andares. El ujier exclamó: “Monsieur le Représentant de la Mésopotamie!”. Víctor Hugo, que hasta entonces había permanecido impertérrito y seguro de sí mismo, pareció vacilar. Sus pupilas, ansiosas, hicieron un gran giro circular como buscando en todo el cosmos algo que no encontraba. Pero pronto se advirtió que lo había hallado y que volvía a sentirse dueño de la situación. En efecto, con el mismo tono patético, con no menor convicción, contestó al homenaje del rotundo representante diciendo: “La Mésopotamie! Ah, l´humanitaté!”.

Si la historia es real o no, lo que es muy cierto es la última frase, Mesopotamia es el principio de todo; fue el primer lugar donde el ser humano inició con la tradición escrita dejando atrás la oralidad de las historias, dando pie con ello a la escritura, principio y detonador de la historia, es decir antes de la escritura se puede hablar en estricto sentido de la prehistoria. En Babilonia existió Hamurabi, el rey que pasó a la historia por haber sido el creador del primer compendio de leyes; no sólo floreció la escritura, sino con un código para regir de manera puntual los límites necesarios para una vida en sociedad.

En abril del 2003 el ejército norteamericano estableció un base militar en las ruinas de Babilonia, el mundo calló ante el saqueo que se hizo en aquellos días en el Museo Nacional de Iraq; ¿Se imagina que hubiera pasado si en vez de Irak esto hubiera pasado en la Mezquita de Córdoba o en Stonehenge?

Hay historias que contar, el mundo y nuestra memoria se nutren de ellas, por ello conservo la del homenaje de Víctor Hugo porque seguramente él en ese momento, tuvo en cuenta las primeras líneas de aquel código: Yo, Hamurabi, establecí la Justicia en el mundo para destruir la maldad y evitar que los poderosos opriman a los débiles. Sí, “La Mésopotamie! Ah, l´humanité!

*El autor es empresario, ex dirigente de la Coparmex Mexicali.

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