No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Sueños de plata

Había una vez…en Hollywood. Dir. Quentin Tarantino

A más de 30 años del inicio de su carrera cinematográfica (la desparecida My Best Friend’s Birthday, 1987), Quentin Tarantino presenta su novena y muy anunciada penúltima cinta, ya que ha mencionado en múltiples ocasiones que se retirará después de la décima.

Por Manuel Ríos Sarabia

A más de 30 años del inicio de su carrera cinematográfica (la desparecida My Best Friend’s Birthday, 1987), Quentin Tarantino presenta su novena y muy anunciada penúltima cinta, ya que ha mencionado en múltiples ocasiones que se retirará después de la décima.

En esta ocasión, Tarantino entra en un espacio mucho más introspectivo y menos espectacular que de costumbre. Esta es su versión de lo que hizo Alfonso Cuarón con los recuerdos de su infancia en la ciudad de México (Roma). Por supuesto que tratándose de Tarantino, no solo es un recuento del Hollywood de hace 50 años, sino, como lo hizo en Bastardos sin gloria (2009), también se convierte en la oportunidad de utilizar al cine para crear una versión alterna de la historia.

En 1969 el panorama hollywoodense estaba transformándose, se efectuaba una especie de cambio de guardia, y esto para algunos actores que ya habían realizado la transición inversa, del cine a la televisión, no era precisamente algo favorable.

Rick Dalton (Leonardo DiCaprio) es uno de estos actores, en los cincuenta fue héroe de westerns y quince años después se ha convertido en el villano invitado de la semana en series televisivas. A sus cuarenta y tantos, Dalton se ha percatado de que su tiempo ya pasó. Acompañado fielmente de su otrora doble, Cliff Booth (Brad Pitt), ahora chofer, milusos y compañero de cervezas, Dalton llega todas las mañanas a los estudios, crudo y sin memorizar sus diálogos.

Los dos hombres, además de ser el pretexto perfecto para hablar de los actores, directores, y spaghetti westerns de la época (ofrecidos a Dalton como única salvación de su carrera), así como para escuchar la música en boga, mientras manejan por los famosos bulevares de Hollywood, son también un reflejo del propio Tarantino, a una película de retirarse, sintiéndose ya a punto de llegar a la cima e iniciar el declive, y con la intención de evitar realizar películas de viejo, que ya no cuenten con su mejor esfuerzo.

Esta mezcla de nostalgias, por una época, por un momento, por una sensación, todas ellas inefables, son, de una asombrosa manera, capturadas por Tarantino. El catalizador esencial, y real detonador de la otra mitad de la narrativa, se encuentra en los vecinos de Rick Dalton, en su mansión de Cielo Drive (al Norte de Beverly Hills), Sharon Tate (Margot Robbie) y Roman Polanski (Rafal Zawierucha), quienes serían víctimas de una terrible tragedia el mismo año en que se desarrolla el relato.

El personaje de Sharon Tate muestra una visión positiva, contrastante a la que tiene Dalton, de Hollywood, una mirada fresca, llena de posibilidades e ilusiones, su personalidad es de una inmensa dulzura e ingenuidad, como un ángel que camina sin tocar el suelo, y que vive en un mundo propio.

Entre estos dos mundos disímiles, se infiltra un tercero, siniestro, que es vislumbrado por la ominosa y efímera aparición (30 segundos) de Charles Manson en pantalla.

Con su nueva carrera en Italia, protagonizando spaghetti westerns y poliziotti, para directores como Sergio Corbucci y Antonio Margheriti, Dalton y Cliff, como La Pandilla Salvaje de Peckinpah (1969), en otra referencia/homenaje evidente de Tarantino, logran cabalgar juntos por última vez. Pero al regreso de su aventura italiana, y con Dalton casado, llega la hora de que los entrañables, más que hermanos, se separen. Y es en la fatídica noche del 9 de agosto de 1969 en que los amigos salen a tomar unas copas antes de regresar a la residencia de Cielo Drive.

Con estos elementos, y las excelentes actuaciones de DiCaprio y Pitt, Tarantino escribe su más emotiva carta de amor, tanto al cine, como al Hollywood físico y espiritual de su infancia. Una de sus cintas (hasta cierto punto) más maduras, y cercana a Jackie Brown (1997), en su profundidad emocional y temática.

Un regalo… de lo que alguna vez podría haber sido, y una muestra del poder del cine para recrear la historia y generar catarsis necesarias en heridas profundas.

*El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

Comentarios