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Columnas Termómetro mental

Guardia en alto

El movimiento del mercado y las personas son una necesidad que pretende recuperar la nueva normalidad.

Por Ricardo Menéndez

El movimiento del mercado y las personas son una necesidad que pretende recuperar la nueva normalidad. Debería entrecomillar este término, pero ya es oficial. Muchos mexicanos mayores de 50 años tendrán que tener la guardia en alto el resto de su vida. No sabemos cuánto tiempo pasará para que no nos afecte tanto este coronavirus. Trump se la juega con promesas de una pronta salida con tal de conseguir votos, pone en vergüenza a sus científicos con las ocurrencias sobre una pronta vacuna o sugerir barbaridades como las que conocemos. A AMLO lo veo más prudente, sin embargo también siento que hace cuentas alegres. Mucho se ha evocado a Churchill cuando lo único que les pudo ofrecer al inicio de la Segunda Guerra Mundial fue literalmente sangre, sudor y lágrimas, mentalizó al inglés a que le esperaban tiempos llenos de sacrificio, se trataba de una guerra. Una pandemia no es una guerra entre humanos; sí, entre el humano y su circunstancia, la naturaleza. Un coronavirus que salió originalmente de un murciélago para acabar en un humano, el paciente cero.

El semáforo es un instrumento epidemiológicamente útil, pero no me queda claro el efecto que tendrá entre los pueblos y municipios. Aparentemente será la Guardia Nacional la encargada de vigilar estos puestos de control en esta territorialidad que generará la etiqueta de apestado si eres foráneo. El miedo y el enojo podrán tener expresión violenta en estos filtros. Siento que en el imaginario colectivo domina la idea de que no hay que relajar las medidas, de la misma manera está la idea de que será cuestión de un par de meses. Esta falsa esperanza ocasionará problemas por tener la tormenta encima lo que resta del año, y quizá el siguiente. La necesidad y el miedo, el hambre y las muertes serán las fuerzas más grandes que puedan llevar a un desorden sanitario. Está tan lejos la vacuna o el tratamiento, que muchos apuestan al contagio de un mínimo del 70% de la población, dejando morir demasiados para resolver las carencias materiales. Es un dilema ético de primer orden, ¿vale la pena salvar a los viejos o enfermos?, finalmente pronto les iba a tocar. No carece de sentido la propuesta de una gradual eliminación de los vulnerables para poder mantener la marcha de la vida como la conocemos. Yo espero que esto no sea una nueva normalidad, sino una pasajera anomalía. Que la sociedad aguante y que la ciencia triunfe. Hay países que están a punto de dejar sin mayor control a los menores de 45 años y ponerlos a mantener el aparato productivo actual, aislando a los demás el tiempo necesario, dudo se les pueda aislar lo suficiente.

* El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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