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Columnas La verdad sea dicha

Gobierno Chaka

Ser chaka en tiempos del gobernador Jaime Bonilla Valdez es ser enfrentado, a veces para bien, en otras ocasiones para mal. 

Ser chaka en tiempos del gobernador Jaime Bonilla Valdez es ser enfrentado, a veces para bien, en otras ocasiones para mal. 

El término es utilizado de manera indefinida y poco clara. Banda la chakalosa  en todas sus variantes nos habla de una connotación norteña, de cinto y huaraches piteado. 

Aunque la connotación positiva es que un chaka es una persona que lucha contra los privilegiados.

Es una palabra para bien o mal. 

Es decir, si eres un chakaloso, es malo, pero si eres un chacal puede ser positivo, como un triunfo en una causa.

Es la ambigüedad del discurso, del lenguaje, donde puedes ser bueno o malo, al mismo tiempo.

Así de confuso puede ser el discurso del mandatario estatal. En donde puede ir, sin mayores complejos, de lo bueno a lo malo. Con un sabor agridulce. 

Un gobernador bajacaliforniano que dice que su secretario de Salud, Alonso Pérez Rico es un chaka de chakas; pero lo mismo expresa de los ministros de la Corte, a quienes detesta, porque siempre le dan reversa a sus propuestas. Es decir, nunca les gana una. 

Un gobierno ambivalente, vestido de confusión, en donde sus funcionarios de primer nivel son chakas.

Buenos o malos. Vestidos con el traje del doble mensaje. 

Bonilla Valdez es un chaka, en su concepto, porque busca ganar a como de lugar, en ocasiones llevando la legislación al extremo, pidiendo lo imposible, como las leyes Bonilla 1 y 2.

Es un gobernante que cuando la cosas no van bien, tira culpas para todos lados. A los panistas, Jorge Hank, a los periodistas, a Coparmex, los Elorduy, Kiko Vega, empresarios, Enrique Acosta, Anapromex, deudores, entre otros. 

Entonces, esta acción discursiva baja y penetra en cada uno de sus colaboradores de primer nivel, quienes asimilaron la patología de culpar a todos.

En ese escenario, aparece su secretario General de Gobierno, Amador Rodríguez Lozano arrojando acusaciones contra los que encabezaron la obtención de firmas en contra de la llamada "Ley Gandalla". 

El escándalo surgido por las declaraciones de Amador, respecto a que se pagaron mil pesos por algunas de las 60 mil firmas para llegar al referéndum, no se hizo esperar. 

Pero cansado de los escándalos, de los ataques y amenazas de denuncias, el Gobernador dijo que no sabía si era o no cierta la declaraciones. 

"No se si sea una volada", dijo el mandatario estatal, al referirse a las declaraciones de su operador político, o de su "golpeador político", como dijo el regidor panista, Héctor Ibarra. 

Rodríguez Lozano, el alquimista legislativo, que carga tras de sí el escándalo del decomiso de cocaína que a los días convirtió en leche en polvo cuando era ministro de justicia en Chiapas, debe responder ante ese tipo de situaciones. 

Especialistas en imagen política comentan que por su actitud de perdona vidas, el gobernador Bonilla Valdez deja claro su perfil en contra de los grupos sociales que buscan la reivindicación de sus causas. 

Así aparece un gobierno que busca la contundencia en sus ataques, llenos de enjundia, pero faltos de fuerza e incluso de legalidad y hasta credibilidad. 

Es evidente que esta administración carece de sensibilidad ante los problemas profundos sociales, no de cobranza, ni mucho menos de escándalo mediático, que los ha hecho presentes. 

La balanza debe estar equilibrada, para evitar que el escándalo disfrace lo esencial. 

La verdad sea dicha. 

* La autora es directora del portal MF Noticias Mexicali.

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