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Columnas El mundo me da vueltas

Facebook tuvo razón con Trump

A mucha gente se le olvida, pero Facebook (y para el caso, todas las redes sociales) son empresas privadas.

Por Pepe Avelar

A mucha gente se le olvida, pero Facebook (y para el caso, todas las redes sociales) son empresas privadas. Negocios que nos dan un servicio gratuito de comunicación entre nosotros a cambio de dos cosas. La primera, sujetarnos a un contrato de prestación de servicios con reglas y sanciones muy claras por no cumplirlas. Segundo, nos piden nuestros datos, gustos e intereses para monetizarlo y vender publicidad focalizada a otras empresas que nos quieren vender sus productos. Así de simple, así de complicado.

Por ello no entiendo esas voces, incluida la del Presidente de México, que hablan de censura y de un ataque a la libertad de expresión de las personas.

Para empezar, cualquier abogado te diría que un juicio por coartar la libertad de expresión se hace contra el Estado, contra el gobierno, jamás contra un particular.

Imagínate que vienes a mi casa o a mi negocio y te pones a gritonear o a decir cosas que a mi juicio personal y empresarial, son sandeces. Te saco o te mando a sacar. Pues eso fue lo que pasó en Facebook, Twitter y el resto de las redes. El ciudadano Donald Trump (y por el momento Presidente de EUA) incumplió a lo que se había comprometido cuando se inscribió en ellas.

Tengo muchos casos de amigos que fueron denunciados por sus publicaciones por otras personas y les cancelaron momentánea o permanentemente sus redes. Las reglas están en un código ético que hay que respetar y si no lo haces hay consecuencias.

¿Que hay errores y no se sanciona a todos? Si. ¿Que podría haber otros casos peores que lo que suponen hace Trump? También. El tema es el mismo: el contrato que firmamos como usuarios de las redes sociales no obliga a pagarles nada pero si nos compromete a cumplir sus lineamientos.

Después de escuchar a AMLO en su mañanera quejarse de las empresas tecnológicas y no de los actos violentos, me quedó claro que se está poniendo el huarache antes de espinarse (¡o que lo detecten!). Es claro que nuestro Presidente tiene un discurso de división, de confrontación con personas, con grupos, con empresas, con gobiernos de otro partido diferente al suyo. Y podría ser sancionado o eliminado de las redes como también debería hacerse con los líderes de FRENAA que tantas sandeces dicen. Nadie está coartando su libertad de decir lo que quieran cuando quieran. Si, pero que no utilicen una organización privada que expresamente les prohíbe hacerlo.

Pensé en dos ejemplos que ilustran cómo una empresa puede actuar. El primero es el Periódico Reforma que recibe, un día sí y otro también, ataques del Gobierno denostando su trabajo y su ética periodística (o lo que sea que ellos sigan). ¿Como ha respondido? Para mi gusto, neutral. Sigue cubriendo la rueda de prensa diaria, sigue publicando lo que se dice y en general, es un crítico de lo que considera que debe serlo. En otro ejemplo, me acordé de un comunicado que publicó el Semanario Zeta cuando decidió que en las dos campañas que encabezó y el Gobierno Municipal de Jorge Hank Rhon, no recibiría dinero para venderle publicidad ni promocional ni institucional. Muy su derecho. Claro, ambas son empresas que pueden decidir perfectamente lo que creen es mas conveniente para ellas. Igualito que las redes sociales.

El otro día un desubicado seguidor de esos que abundan en mis redes sociales me quería hacer ver que Facebook era casi casi el poder tras el trono mundial y coartaba la libertad de expresión. ¡Lo chistoso es que lo hacía en la misma red social a la que estaba acusando! Me dió gusto hacerle notar esta diferencia tan importante: la libertad de expresión tiene límites cuando invade las libertades de otros, incluyendo los de la empresa y sus reglas.

* El autor es empresario, turistólogo y un enamorado de su ciudad.

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