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Estados des Unidos de América

Lo que sucedió el pasado 6 de enero en Washington cuando una enardecida horda de fieles a Donald Trump irrumpió en el Capitolio para detener la certificación del triunfo de Joe Biden, es el epítome de la obra iniciada aquel día en junio de 2015 donde el ahora presidente de los Estados des Unidos de América anunciaba su precandidatura por el partido republicano.

Lo que sucedió el pasado 6 de enero en Washington cuando una enardecida horda de fieles a Donald Trump irrumpió en el Capitolio para detener la certificación del triunfo de Joe Biden, es el epítome de la obra iniciada aquel día en junio de 2015 donde el ahora presidente de los Estados des Unidos de América anunciaba su precandidatura por el partido republicano. Donald Trump, de quien opino tiene una perversa inteligencia, galvanizó los sentimientos de odio de los mas olvidados por el éxito económico del país, y de aquellos que albergaban sentimientos de odio por racismo o migración, logrando con ello establecer una base de apoyo incondicional, muy parecida a la veneración de los fanáticos religiosos para con sus líderes. Esto, fue eventualmente reconocido por la prensa y medios digitales conservadores, prestando sus medios para ser el altavoz de Trump, sumando irremediablemente, ya sea por temor o conveniencia, al grueso de los políticos republicanos que se terminaron convirtiendo en sus fieles defensores.

Como parte de su plan, también Trump convirtió a las redes sociales en un campo de guerra psicológica; Twitter se convirtió en el principal medio por el cual Trump se comunicaba directamente con los americanos y el mundo. Nunca antes un gobernante se había comunicado tan directa y frecuentemente con sus gobernados, rompiendo cualquier protocolo o etiqueta antes establecidos para el uso de redes sociales. Sus agresivos comentarios e insultos dirigidos hacia quien le estorbaba terminaron polarizando a la población entre los que están en contra de Trump o incondicionalmente a favor de él.

Para terminar de implementar su plan, facilitó la propagación de rumores y conspiraciones abusando de los algoritmos de las aplicaciones de redes sociales. Puso enfrente de todos, pero particularmente de sus seguidores más fieles, campañas que contenían información manipulada o falsa, poniendo en duda la realidad y logrando desacreditar a toda aquella persona, institución o medio de comunicación que contradecía la información diseminada y repetida en redes sociales y medios afines. Esta nueva realidad paralela es en la que hoy viven muchos fieles seguidores de Trump y en la cual están seguros de que les robaron la elección, derivó en los actos del pasado 6 de enero donde los “patriotas” seguidores de Trump pretendieron salvar a la democracia y al país.

Algunos opinólogos y periodistas nacionales sostienen que en nuestro país está sucediendo algo similar. Quisiera pensar que nuestros problemas e idiosincrasia como sociedad y país no nos permitirían tener desenlaces como los de nuestros vecinos del norte. La admiración y respeto por la clase política la perdimos ya hace muchos años y seguimos en la búsqueda constante de mejores gobernantes. Es por ello que, como sociedad, necesitamos defender las instituciones que nos permitirán encontrarlos.

* El autor es arquitecto tijuanense, pro ciudades compactas.

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