Columnas Radiactiva

Escribamos las reglas no escritas

Uno se pregunta cuando hay una fila de doscientos carros esperando pasar por un cuello de botella.

Por Jousín Palafox*

Uno se pregunta cuando hay una fila de doscientos carros esperando pasar por un cuello de botella, ¿qué carajos piensan los que se salen por el acotamiento para hacer un carril fantasma y hacer un caos vial aún mayor? Pareciera que creen que nosotros, los idiotas que hacemos fila y esperamos nuestro turno, somos una bola de mentecatos a quienes no se nos ocurre meternos en la fila. Cuando estamos en un supermercado y frente a nosotros hay 5 personas esperando su turno en caja, nunca nadie se meta en la fila, porque es grosero y sin duda al que lo hiciera, le iría muy mal. Pero cuando se trata de filas vehiculares, pareciera que la regla no escrita es, “si me ven la cara entonces respeto, pero si nadie me ubica, entonces puedo pasarme por los aguacates, los derechos de los demás”.

Los cobardes, sociópatas e incivilizados se esconden en vehículos, tras celulares y entre las masas. Son valientes, gritones y atrevidos, siempre y cuando no les veas la cara. Así de sencillo, la vida tiene reglas que nadie escribió y quien no las respeta es un patán, un retrógrada y parásito social.

Son esas normas las que le dan sentido a la vida comunitaria, son aquellas que no ameritan multa o castigo corporal, pero mantienen unida a la sociedad, como tocar la puerta antes de entrar, decir buenos días al llegar, taparse la boca con el brazo al estornudar u ofrecer un chicle a quienes están presentes si acaso eres tú quien sacó de su bolsillo el paquete. Ese sinfín de acuerdos comunitarios son más sólidos y evidentes en países ricos, progresistas y evolucionados. Mientras que en las mal llamadas “naciones tercermundistas”, intentamos legislar para obligar un comportamiento colectivo, en las de “primer mundo”, el cambio de fondo lo hacen las reglas no escritas, pero que todos saben respetar, pues, aunque nadie las obliga, son indispensables para el engranaje social. Dicho en lenguaje más sencillo, cuán mejor sería el mundo si nos comportáramos como niños, a quienes educamos a no tomar lo que no es suyo, devolver aquello que se encuentran tirado, lavarse las manos después de ir al baño, respetar a los mayores y no mentir, aunque tengan el castigo asegurado.

Mi teoría es que la verdadera evolución social no está en reforzar las policías, aumentar el número de juzgados o reescribir el código penal, son las reglas no escritas las que debemos arraigar a nuestros hijos, reforzar en las escuelas y como adultos respetar. Escribir las reglas no escritas, para nunca olvidarlas y poderlas enseñar: ¡Esa sí sería una verdadera revolución nacional!

* El autor es graduado de la licenciatura en Derecho de la UABC, 
escritor y conductor de radio.

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