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Columnas Educación

Enclaustrado

Por el derecho a la libertad de expresión.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresión.

Como mucha gente que quiere hacer lo que realmente ayudará a componer las cosas, he decidido permanecer enclaustrado. Creo que es una de las actividades que debemos, si somos conscientes de la gravedad de la pandemia, obligadamente realizar. Los informes que recibimos de todos los países nos muestran la agresividad del coronavirus (Covid-19). Así que, ante datos tan relevantes y conclusivos, no podemos hacer como que no pasa nada. Por el contrario, si está pasando y es con un vigor excesivo como se expande la pandemia.

Mientras tanto, la reacción de los líderes electos ha sido, al menos en México, lenta y de pocas opciones. Si bien es cierto, los casos que han aparecido en el país, en relación con el total de la población no son significativos, la forma como contamina exponencialmente quién tiene el Covid-19 al resto de los ciudadanos, es preocupante. Ya deberíamos tener una serie de opciones para que cuando comience la etapa de contacto descomunal, que se dice puede suceder dentro de las tres próximas semanas, podamos dar una batalla real y no tener tantas fatalidades. Por el contrario, no hay siquiera una actitud de querer ser efectivos e iniciar el proceso de prever circunstancias graves. Por ejemplo, en Tecate no se ha iniciado una campaña liderada por Zulema Adams, presidenta municipal, que sensibilice a la población respecto a las medidas recomendadas de prevención. Pareciera que consideran que no vamos a sufrir ningún problema, o que los caso serán tan pocos que no merecen atención oficial.

En el nivel nacional, Andrés Manuel López Obrador, da bandazos como la bola de billar, alegando que esto es una situación pasajera, por lo cual minimiza su importancia, y alega que es una oportunidad para México. Él, como Donald Trump, están obligados a poner el ejemplo y comenzar a ejercer la sana distancia, a usar la mascarilla cuando andan en las campañas gubernamentales por los estados, o en cualquier evento que se convoque como una acción gubernamental. Ya debieran de haber iniciado con la eliminación de las actividades no esenciales y ser específicamente rigurosos al decidir lo qué van a hacer.

El vuelco de 180 grados que dio la dinámica social que se efectuaba de manera super activa, al exigirnos la no movilidad voluntaria, nos mandó a la casi total inactividad, que en algunas personas es altamente estresante. Muchos pueden contraer enfermedades por la inercia en que están viviendo. No alcanzan a darse cuenta las enormes posibilidades que tienen de realizar actividades divertidas e interesantes en casa. Cuando su capacidad no les da más que para agarrar el control remoto de la televisión, entonces sus vidas están en peligro.

No es que queramos mandarles un manual de qué hacer, como decía Lenin, sino que son ellos mismos los que deben buscarle el hoyo a la aguja. La dinámica social en la que nos hemos desarrollado nos ha atrofiado la capacidad de ser inventivos. Muy lejos dejamos la sensibilidad de encontrarle el lado agradable a las cosas sencillas. Cuando antes era suficiente agarrar una piedrita o un trozo de madera para jugar con él. Ahora queremos que la sofisticación de la televisión o de los juegos digitales nos traiga la felicidad. Nos sentimos muertos sin la futilidad. Vale.

* El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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