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Columnas Casillero

El poder blando

“Venceréis, pero no convenceréis.

Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir.”

Miguel de Unamuno

Por Ignacio Calderón Tena

“Venceréis, pero no convenceréis.

Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir.”

Miguel de Unamuno

La noche del 24 de agosto de 1944, Hitler ordenó al general Dietrich von Choltitz reducir a ruinas los edificios y puentes más emblemáticos de París, de no hacerlo su familia moriría; sin embargo, se rehusó a hacerlo y hoy millones de personas en el mundo se lo agradecen. Paris se salvó gracias al “Poder Blando” que la encierra.

El poder blando o poder suave (soft power), es un término usado en materia de relaciones internacionales para describir la capacidad de un estado, para incidir en las acciones o intereses de otros actores, valiéndose de medios culturales e ideológicos, con el complemento de medios diplomáticos. Este concepto fue acuñado por Joseph Nye, un académico de Harvard en 1990, precisamente a raíz de la caída del muro de Berlín y que a todas luces fue producto del poder blando, pues no fue necesario la fuerza de bayonetas o bombas para lograrlo (poder duro).

Se dice que el poder suave es especialmente útil para las naciones pequeñas, las cuales pocas veces pueden ejercer un poder “duro” pues no cuentan con los recursos para defender sus derechos por la vía de las armas y parecería que es una especie de lucha pacífica, algo así como la emprendida por Mahatma Gandhi que lo llevó a lograr la independencia de la India en 1947.

Su creador, Nye, lo define como la habilidad para influenciar el comportamiento de otros y obtener los resultados que se desean. El Poder Blando puede ser utilizado por las naciones, pero también por otros actores internacionales, como las ONG o instituciones internacionales. Nye opina que el poder blando descansa en tres elementos: “Cultura (en lugares que son atractivos a otros), valores  y sus políticas internacionales”, es decir que una nación podría obtener los resultados que quiere en política mundial porque otros países –admiran sus valores, emulando su ejemplo, aspirando a su nivel de prosperidad y apertura- quieren seguirlo.

En México, tenemos una serie de atractivos, tanto culturales, como históricos y de vecindad, que nos hacen importantes para los Estados Unidos y a través del poder blando podremos conseguir el respeto que por la vía del enfrentamiento no conseguiremos, ya la historia nos ha dado muestras claras de ello, como el conflicto de Texas en 1836 o el de 1848 cuando perdimos la mitad del territorio, o que decir de la de 1911 ordenada por el  Presidente Taft para “proteger “a ciudadanos norteamericanos,

México, desde los tiempos de Carranza y las distintas invasiones norteamericanas, entendió que como vecino de la gran potencia económica mundial tenía que jugar un papel pragmático, pero firme y creativo para sobrevivir y que en ese contexto su identidad nacional era un activo que podía aprovecharse hacia el norte y el sur del continente.

Fue Cárdenas, ante la conflagración mundial, el que supo aprovechar el momento de México en la coyuntura, expropiar el petróleo y desarrollar una nueva relación de respeto con su vecino del norte (ayudada por FD Roosevelt) y proyectar una imagen positiva frente al resto del mundo.

Tenemos mucho que aprovechar de nuestra riqueza cultural para convertirla en el poder blando que tanto requerimos para blindar nuestro país ante los avatares del mundo.

*- El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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