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El otoño del patriarca Bonilla

Una compañera coreana de la maestría me confesó que su libro favorito es “Cien años de soledad” de García Márquez.

Por Roberto Quijano Luna

Una compañera coreana de la maestría me confesó que su libro favorito es “Cien años de soledad” de García Márquez. Para ella, el realismo mágico es algo asombroso y exótico pero a su vez distante de su realidad ordenada, disciplinada y cierta garantizada por el sistema sociopolítico de Corea del Sur. Le causa fascinación el hecho de otorgar naturalidad y verosimilitud a cosas y eventos que a otros parecieran irreales y fantásticos. Solamente en una región como América Latina pueden ocurrir estas cosas, sentenció. Coincido plenamente.

En América Latina, los Pedros Páramos y los Otoños del Patriarca han sido constantes a lo largo de nuestra historia. Hay que decirlo cada vez con menos frecuencia pero muchos siguen presentes. En el caso mexicano, las cosas fantásticas y surreales parecieran ser la regla general. Uno ve en la calle una anciana indígena pidiendo limosna junto a un restaurante lujoso de calidad mundial. Nos parece normal. Políticos manipulando la constitución a su capricho porque las instituciones y procesos legales son para los débiles. Nos parece normal.

El caso de Jaime Bonilla y la XXII Legislatura de Baja California es el caso paradigmático del realismo mágico en la política. Claro, en su vertiente peyorativa. En países serios, trucar el orden constitucional es cosa grave. Aquí es lo cotidiano. Si el compadre quiere gobernar 5 años, ¡que gobierne 5 años! Es más de pasada, le damos derecho a reelección vitalicia. No… espera, eso sí es demasiado “mágico”.

Tras el affaire Bonilla, circuló por redes sociales, un clip de “La ley de Herodes” en el que el personaje interpretado por Damián Alcázar está tramando modificar la constitución para permitirle su reelección por el tiempo que quisiera. La profecía se cumplió en Baja California. Jaime Bonilla es nuestro Juan Vargas.

En una película o novela me pareciera algo hilarante y divertido. En la vida real, es algo sumamente grave. Un acto de alta traición por parte del gobernador electo y diputados cómplices. Sientan un precedente. Si la constitución (norma suprema en un Estado) está para violarse, ¿qué nos impide violar el resto de las normas jurídicas como el Código Penal o el Código Civil? Es más, si la Ley de Adquisiciones no me permite como autoridad celebrar contratos con mi compadre, pues… ¡modifico dicha ley para que me lo permita! Así de sencillo.

Los 5 años de gobierno usurpador de Jaime Bonilla serán fiel imagen de aquellos gobiernos locales del siglo XX donde el gobernador se constituía como señor feudal. Hará y deshará a su capricho. Serán 5 años perdidos. 5 años donde la consolidación del Estado de derecho y construcción de instituciones serán relegados por la arbitrariedad y favoritismos. Como en la novela, “El otoño del Patriarca”, “¿qué hora es? ¡La que usted diga, mi general!”.

Si queremos evitar más “bonillazos” nos corresponde participar en nuestras comunidades y asumir mayores responsabilidades en la vida pública. Tenemos que ser los arquitectos de un mejor futuro. Esto o nos esperan 100 años más de soledad.

*- El autor es abogado y estudiante del programa Atlantis en Syracuse University/Hertie School of Governance.

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