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Columnas #SomosToros

El día que R.A. Dickey casi muere (2)

“Es hora. Finalmente llegó la hora” . El 9 de junio del 2007, mientras observaba el Río Missouri por la pared de cristal del elevador rumbo a su cuarto en el hotel y casino... 

Por Armando Esquivel

“Es hora. Finalmente llegó la hora” . El 9 de junio del 2007, mientras observaba el Río Missouri por la pared de cristal del elevador rumbo a su cuarto en el hotel y casino Ameristar de Council Bluffs, Iowa, el lanzador R.A. Dickey por fin tomó la decisión de atravesar ese arroyo gigante a nado, algo que había imaginado desde el 2002.
Ese 2007 vivió su única temporada con la organización de Cerveceros de Milwaukee y ese día, mientras contemplaba hipnotizado la rivera desde el ascensor, llegaba a la pequeña ciudad como parte de los Sounds de Nashville, escuadra de su ciudad natal, para medirse a los Royals de Omaha en Triple A.
“Estás loco”, intentó detenerlo su compañero de cuarto Chris Barnwell, cuando Dickey le comunicó su intención mientras todavía ascendían en el elevador.
¿Tienes idea de lo que mide y de la fuerza de su aguas?, agregó el jugador de cuadro que en 2006 participó en su única temporada en Grandes Ligas. “No puedes hacerlo, no puedes; es la idea más idiota que he escuchado en mi vida”.
Barnwell no se quedó ahí, ya que incluso llamó a la esposa de Dickey para notificarle de las intenciones de su marido.
“Es un adulto y conoce sus límites; gracias por llamar, pero conozco a R.A. y sé que no haría nada que no pudiera controlar”, dijo la esposa.
Horas después, las intenciones de Dickey se esparcieron como reguero de pólvora entre sus compañeros y la gran mayoría no se preocuparon mucho y mejor se dedicaron a apostar entre ellos por el futuro de su odisea, ya que si hay algo que les guste a los peloteros es la acción en primera fila.
Otro compañero que intentó detener la loca idea fue el jardinero Laynce Nix, uno de sus mejores amigos en el equipo.
“Olvídalo, amigo; es una locura, es una idea estúpida”, le dijo.
También un empleado del hotel le sugirió que no lo hiciera al describirle que las aguas del río eran sucias y circulaban con mucha fuerza.
Si R.A. Dickey hubiera tenido sentido común eso hubiera bastado para abortar la misión, pero no fue así y su percepción de peligro se limitó a comprarse unas chanclas para evitar sorpresas al pisar el fondo del río.
A las 11:30 horas del 10 de junio del 2007, el diestro nudillero salió de su cuarto de hotel para cumplir con el reto de atravesar a nado el Río Missouri, uno de los afluentes del afamado Río Mississippi. Quizá fueran entre 200 a 250 metros lo que le esperaban, una distancia que completaba sin problemas cuando era parte del equipo de natación de Seven Hills en su adolescencia.
Mientras bajaba por el elevador observó un gran tronco que era paseado por la corriente del río y trató de hacer un análisis del que sería su plan.
Al bajar del hotel, con Chris Barnwell a su lado, el ex serpentinero que en ese momento tenía 32 años, realizó una sesión de calentamiento y estiramiento.
Barnwell había cambiado su función de sicólogo a la de su ayudante y motivador principal. Con él caminó la corta distancia que separa al hotel de los límites del río, mientras a unos metros detrás de ellos, un grupo de quizá quince compañeros lo seguían para tener un lugar reservado en la primera fila, entre ellos su amigo Laynce Nix con cámara de video en mano. El resto del equipo estaba pegado a las ventanas de sus cuartos para seguir la aventura.
Dickey llegó hasta el borde del río con un “short” blanco y con las chancletas pegadas a sus pies con cinta adhesiva.
A la distancia, como un gran superhéroe Dickey pensó: “No tengo duda de que puedo hacer esto”, pero ya de pie a un metro del río lamentó que su esposa no se hubiera unido a las protestas de su “roomie” y le hubiera “pagado la fianza” para evitar esta aventura que empezaba a no pintar tan bien.
Hijo, esposo y padre de tres, el olímpico estadounidense en 1996 estaba por iniciar la experiencia más difícil de su vida en ese día en el que estuvo a punto de morir.
“Es hora”.
“Finalmente llegó la hora”.
Esta segunda entrega aparece en la autobiografía del ex lanzador R.A Dickey y aquí le comparto, a mi estilo, un extracto de la obra que no tiene desperdicio. En la próxima columna, Dickey la pasará muy mal en el agua.
Buen día, es martes; que hoy le vaya bien. Goodbye Horses!!
Comentarios: superpaupa@hotmail.com.

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