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Columnas #SomosToros

El día que Dickey casi muere (1)

R. A. Dickey ha sido el último integrante extraordinario de una pequeña cofradía de pitchers que han dominado el arte del lanzamiento nudillero.

Por Armando Esquivel

R. A. Dickey ha sido el último integrante extraordinario de una pequeña cofradía de pitchers que han dominado el arte del lanzamiento nudillero.

Sin embargo, un caluroso día de junio el diestro estadounidense estuvo a punto de morir.

Y no me refiero al día en el que el selectivo mexicano lo “mató” en el Chase Field durante el Clásico Mundial de Beisbol, sino a una mañana en la que tomó una decisión que casi le cuesta la vida.

Dickey pasó varios años en ligas menores y en un gran número de organizaciones intentado perfeccionar el lanzamiento que lo llevaría a ganar veinte juegos en 2012 y a su única participación en un Juego de Estrellas.

Pero cinco años antes, el 9 de junio del 2007 para ser exacto, el egresado de la Universidad de Tennessee hizo su arribo a la pequeña ciudad de Council Bluffs, junto al resto de sus compañeros de la sucursal de Triple A de Cerveceros de Milwaukee, el Nashville Sounds, escuadra en la que también militaban los mexicanos Elmer Dessens y Yovani Gallardo, además de Ryan Braun, quienes seguramente se sorprenderían de lo que estaba a punto de ocurrir.

Tal y como lo había hecho en varias ocasiones anteriores cuando llegaba a la ciudad como parte de los RedHawks de Oklahoma, filial de Rangers de Texas, ese 9 de junio volvió a observar por el cristal del elevador y una vez más perdió su vista en el ancho y caudaloso Río Missouri.

¿Cuántas veces había estado ahí, en esa ventana, en ese exacto lugar? ¿Diez? ¿Veinte?

¿Cuántas veces se dijo a sí mismo que un día terminaría con las excusas y se lanzaría al río?

Dickey nació en 1974 y al egresar de la Universidad de Tennessee, donde fue compañero de escuela de Todd Helton y Peyton Manning, fue tomado por Rangers de Texas en el primer round del draft del 1996 luego de una excepcional carrera colegial y la participación en los Juegos Olímpicos de ese mismo año en Atlanta.

Parecía que la alfombra roja rumbo a Grandes Ligas estaba a sus pies al ser considerado un súper prospecto que dependía de su recta y de un repertorio extra de lanzamientos “normales”, sin el extraño ofrecimiento de nudillos, que aún no estaba en su arsenal principal.

Justo antes de firmar con la escuadra texana y recibir su jugoso bono, a una prueba física se le unieron dos exámenes médicos consecutivos que descubrieron una extraña anomalía en su codo derecho y motivaron que Rangers activara la reversa a su decisión y Dickey tuvo un escenario muy diferente para iniciar su carrera sobre todo en lo económico.

Ocho años después su perseverancia lo llevó a debutar en Grandes Ligas, pero desde 1997 su carrera profesional fue un subir y bajar entre ligas menores y la “Gran Carpa” sin poder soltar el ancla en el máximo nivel y ahora, con 32 años de edad, solo contaba con la incomprendida “pelota de nudillos” como su salvación y las voces en su cabeza recomendándole que sugerían bajarse de la loma para siempre.

Quizá todo eso pasaba por la mente de Dickey aquel 9 de junio del 2007, justo once años después de que fuera tomado en el draft.

Poco más de una década había pasado y el objetivo de consolidarse en Grandes Ligas seguía apuntado en su pizarrón.

“Es hora”.

“Finalmente es la hora...”.

Este historia que continuará la próxima semana, es una de tantas que comprenden la vida dentro y fuera del diamante de R.A. Dickey. Su recorrido está plasmado en su libro autobiográfico, del que, sin que se trate de un plagio, haré un extracto para relatar a mi manera en este par de columnas el día en el que R.A. Dickey casi muere.

Igual están Yovani Gallardo y Elmer Dessens que no me dejarán mentir.

Buen día, es martes; que hoy le vaya bien.

Goodbye Horses!!

Comentarios:superpaupa@hotmail.com

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