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Columnas Casillero

El bono democrático de AMLO

“La democracia es el peor sistema de gobierno. 
Con excepción de todos los demás.”

Winston Churchill

Por Ignacio Calderón Tena

Se trata de un concepto muy usado en materia política y puede definirse como ese caudal de popularidad de un candidato o un político y que refleja la cantidad de personas que lo apoyan para ejercer su cargo público.

Algunos lo llaman capital político, aunque el bono democrático lo entiendo más como el respaldo ciudadano que llevó al candidato al triunfo y que aún después de obtenido éste, lo siguen respaldando en sus decisiones gubernamentales.

Es claro que el poder agota el bono democrático, sobre todo cuando se toman decisiones arriesgadas que difícilmente son del agrado de todos, por eso se dice que el poder desgasta la popularidad de cualquier político y por ello en sus últimos años de gobierno, su nivel de popularidad baja considerablemente en comparación con sus inicios.

En todo esto existe una gran dosis de expectativas ciudadanas que con el paso de los meses de haber iniciado un gobierno, se ven frustradas al no convertirse en realidades tangibles para el gobernado, algunas por imposibles y otras por incosteables.

Cuando llegó al gobierno de Baja California Ernesto Ruffo; a las pocas semanas de haber asumido el poder, escuchaba a una persona en la radio quejarse amargamente de que a pesar de que Ruffo había llegado a Gobernador, todavía no tenía agua en su casa, como si se tratara de un bálsamo milagroso que por arte de magia convirtiera todas sus carencias en soluciones. Cuando estas expectativas son tan altas y no se cumplen, generan una desilusión que en el camino pueden convertirse en manifestaciones violentas contra la autoridad incumplida.

El gobernante tiene que prestar extremo cuidado a este punto pues de lo contrario puede generar un peligroso rechazo hacia su gobierno, como ahora está ocurriendo con Venezuela o Nicaragua, en donde ambos gobernantes llegaron con altísimos márgenes de aprobación social.

El caso del Presidente López Obrador resulta por demás extraño, pues pese a que lleva en el gobierno casi 2 años, continúa con una aceptación ciudadana muy alta y pese a los innumerables yerros cometidos por su administración, las personas lo justifican y apoyan, aunque vale la pena decir que como nunca, la opinión pública se encuentra dividida.

Según la encuesta trimestral de Mitofsky del 20 de agosto pasado, en su séptimo trimestre al frente del gobierno, incrementa todavía 4 puntos adicionales de aprobación para llegar a 54%, por su parte, el Presidente, tiene otros datos y a días de su informe, afirma que el 70% de los mexicanos lo respalda.

Sin embargo, “Animal Político”, publica el 31 de agosto, la encuesta del Periódico Reforma que consigna la baja de tres puntos de marzo a agosto, en la popularidad del Presidente, con una aprobación del 56% de los mexicanos y una desaprobación que sube del 35% al 41%.

Lo contrastante de todo esto es que el bono democrático del Presidente continúa muy alto, aunque con una diferencia, pues un porcentaje muy alto desaprueba las medidas de su gobierno, pero sigue apoyándolo vehementemente. Sin duda es un líder carismático a pesar de que ha tomado malas decisiones.

*- El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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