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Águilas y serpientes

El Principio de Peter a la mexicana

Con los últimos cambios en las administraciones municipal y estatal, vimos como los responsables fueron nominando a sus colaboradores. Y como siempre, hubo gente que gustó y gente que no gustó.

Por Rafael Liceaga

Con los últimos cambios en las administraciones municipal y estatal, vimos como los responsables fueron nominando a sus colaboradores. Y como siempre, hubo gente que gustó y gente que no gustó. Jamás se va a tener a todo mundo contento. Pero independientemente del contentillo o no, lo que se espera y busca es la capacidad de la gente elegida para hacer las cosas bien. Todos esperamos a los mejores, pero no faltarán los que desafinen a todo el equipo, por cuestiones políticas, morales o de trato.

El principio de Peter, en Administración, es una ley que afirma que un trabajador de una empresa privada o pública, suele ser ascendido hasta llegar a un puesto en el que es incapaz de cumplir con los objetivos planteados para dicho puesto. El Principio dice que: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. El “principio de Peter” es una teoría que establece que las personas que realicen bien su trabajo suelen ser promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, en los cuales terminan siendo incompetentes. Veamos.

“Los mejores trabajadores no siempre son los mejores gerentes”. Esa es una conclusión que nos da la experiencia en muchas empresas y funciones públicas. Un estudio, realizado por especialistas de la Universidad de Minnesota, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Yale, fue llevado a cabo para comprobar “el principio de Peter”. Se trata de una propuesta que afirma que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. “Eso se debe a que un trabajo gerencial a menudo requiere diferentes habilidades para tener éxito, a diferencia del puesto de empleado”. Este fenómeno sucede en muchos tipos diferentes de ocupaciones y empresas. Es mucho más probable que se promueva a los mejores vendedores, especialmente al mejor vendedor dentro de un equipo, pero luego tienden a ser malos administradores porque no cuentan con valor agregado para manejar a sus subordinados. Quien cargó más banderines en la campaña política, no necesariamente será el que mejor atienda al público en un mostrador. Ahora agregaríamos que no por ser el mejor empresario, se va a ser el mejor alcalde; o que no por ser el mejor líder de colonia, se va a ser el mejor funcionario público.

Para todo esto, en principio, hay soluciones. La primera es la honestidad profesional. “Esto significa que uno no está preparado. Entonces hay que formarse, intentar superarse y, si no funciona, se hace un relevo, que incluye abandonar el puesto de trabajo, reduciendo el sueldo porque ya no se es jefe. La segunda solución es la incompetencia creadora. “Si antes que te den el puesto crees que no vas a poder, que no te gusta, debes comunicarlo para que no haya expectativas. Para evitar todo, hay que promocionar mejor. Hay que evitar los ascensos automáticos. Hay que capacitar mejor. Es necesario entrenar de forma constante a la persona que se asciende.

Éxito a todos.

*El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y Coordinador de Tijuana en Movimiento.

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