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El Pan, el Yunque y el chupacabras

Simbolismos aparte como aquel donde afirman que la derecha, políticamente hablando, quedó definida basados en el lugar que ciertos diputados ocuparon frente a la tribuna del parlamento francés ilustran poco.

Por Antonio Medina de Anda

Simbolismos aparte como aquel donde afirman que la derecha, políticamente hablando, quedó definida basados en el lugar que ciertos diputados ocuparon frente a la tribuna del parlamento francés ilustran poco, por no decir nada, puesto que las históricas pistas de la derecha “moderna” derivan del oscurantismo procedente, impuesto y ejecutado durante la Edad Media y el poder absoluto establecido por la iglesia católica, apostólica y romana confabulada a plenitud con la clase terrateniente de aquel tenebroso y conservador periodo quienes, iluminados ambos por el resplandor del oro, clavaron la cruz del cristianismo sobre espaldas del labriego. No hay vuelta de hoja; el carácter trasnochado del actuar y pensar derechista pende, a pesar de los siglos transcurridos, de un cordón umbilical proveniente de la reaccionaria Roma, del anquilosado San Pedro y los poderosos tentáculos ideológicos, económicos y bíblicos persistentes en lograr el retorno de sus fueros déspotas, los de masiva influencia enajenante y tradicionalista que, de ser posible, les fuera concedido el milagro de acoger la ya ida saña del Santo Oficio inquisidor (así fuera) mediante el envidiable proceder aplicado por Hitler, Mussolini, Pinochet o torturadores a granel que por medios transparentes o velados, del papado a sus párrocos, azuzan a los cruzados a linchar sin piedad a “todo maldecido comunista”. Rancias creencias de una derecha siempre viva y hábil para seducir a través de mentiras, simulación y embrollos de puritanismo que disfraza el purgatorio de su falaz pasión democrática, supuesta inclinación libertaria o disfrazado bien común que inician y terminan en defensa de la propiedad privada, en furor a todo movimiento de cambio o satanización hacia los que no vivan bajo la “gracia del espíritu de Dios”. Avasallantes premisas conservadoras desprendidas de la Independencia de México (1820) al presente que atestigua la formación de grupos y peregrinos diversos aunque todos portadores de una idéntica bandera. En aquel extremo; el PAN (Partido de Acción Nacional) fue fecundado, 1939, como ariete opuesto a la política seguida por el General Lázaro Cárdenas, y de paso, manosanta dispuesta a sanar las heridas provocadas a la sublevación cristera maquinada y lanzada por el clero. Un panismo a esas alturas influenciado por el fascismo y financiado con recursos de agazapados magnates derechistas sumando, o dividiendo, las expresiones acuerpadas en diferentes sectas los que oportunistas, sensibles y diestros en olfatear dinero sirviéndose del poder público; en los últimos 86 años el panismo nunca ha dejado de ser el foco que da luz y tinieblas a la derecha más retrograda. Catalogo secreto fundamentalista insistentes en mantener un orden político y social conservador, santurrón, contrario a cualquier cambio atentatorio a las “buenas costumbres”, inspirados en doctrinas sectarias o fanáticas que yacen en el racismo y dogmas de odio que por lo mismo, nada tiene de extraño ver a senadores y diputados panistas del Yunque convivir, apapachar y firmar pactos de sangre con el hitleriano líder del partido español VOX para, ensamblados, continuar empeñados en asustar al chupacabras yunquista… *- El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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