No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Sueños de plata

El Irlandés (Dir. Martin Scorsese)

Para su nueva cinta, Scorsese regresa al terreno que ha caracterizado su filmografía, y que a pesar de que solo son contadas las ocasiones en que verdaderamente ha abordado el tema de la mafia, definitivamente se le considerara como el maestro indiscutible.

Por Manuel Ríos Sarabia

Para su nueva cinta, Scorsese regresa al terreno que ha caracterizado su filmografía, y que a pesar de que solo son contadas las ocasiones en que verdaderamente ha abordado el tema de la mafia, definitivamente se le considerara como el maestro indiscutible.


Lo que hace diferente este retorno es la gran expectativa generada por tres características: La tecnología digital utilizada para rejuvenecer a los actores, la producción por parte de Netflix, y la primera vez que Al Pacino actúa para Scorsese.


El guion es una adaptación del libro Escuché que pintas casas (I heard you painted houses, 2004) de Charles Brandt, el cual relata la vida de Frank “El Irlandés” Sheeran, específicamente su confesión de los crímenes que cometió como asesino de la mafia, mientras trabajaba para la familia Bufalino.


Frank Sheeran (Robert De Niro) fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial que empezó a trabajar para la mafia italiana de manera lateral, mientras conducía camiones de carga y cometía fraudes durante sus entregas. Esto lo condujo a forjar su larga relación con Russ Bufalino (Joe Pesci) y eventualmente a convertirse en líder sindical y mano derecha de Jimmy Hoffa (Al Pacino), legendario líder del sindicato de camioneros y pieza clave en la política estadounidense de los años cincuenta y sesenta.


A diferencia de sus anteriores sagas del crimen, la dirección de Scorsese demuestra una profundidad mayor e incluso una introspección, antes reservada para sus obras religiosas (La última tentación de Cristo, El Silencio), que lo lleva a enfocarse de manera específica en la vida de Sheeran y las consecuencias que sus actos “laborales” tienen en sus relaciones familiares.


La narrativa, que inicia con una larga toma continua a través de los pasillos de una casa de retiro donde encontramos a un anciano Frank Sheeran sentado en una silla de ruedas, utiliza como recurso su narración en primera persona de la cual se generan los flashbacks que cuentan toda la historia. Es aquí donde se hace uso extenso de la tecnología para rejuvenecer a De Niro, Pesci y Pacino, que si en un inicio el resultado puede parecer extraño, la impecable actuación de los tres y la segura dirección de Scorsese disipan toda incredulidad en el efecto. Quizá la única queja en este aspecto técnico es que la tecnología puede rejuvenecer los rostros pero no así los movimientos y la expresión corporal de los actores y en varias ocasiones esto crea un efecto bastante raro, el de ver hombres jóvenes desplazándose con la particular característica motriz de un septuagenario.


Curiosamente, este mismo ralentizar parece afectar la narrativa a partir de la segunda hora, lo que en un inicio fluía sin obstáculos se detiene temporalmente para convertirse en una especie de clase de historia y política, que satura tantos hechos, datos y personajes que por un momento parece convertirse en una lección muy especializada e incomprensible.


En este punto la cinta parece tomar un nuevo rumbo abordando la incursión de la mafia en la política y el poder que esta ha tenido sobre el gobierno estadounidense, así como el papel principal que jugó en eventos clave como los intentos de intervención en Cuba, el asesinato de John F. Kennedy y las guerras entre la mafia de los sesenta y setenta. Pero esto es solo una distracción, el verdadero punto, la esencia del relato es el paso inexorable del tiempo, la vejez, el pecado y el consecuente arrepentimiento.


Frank Sheeran se presenta a sí mismo como una especie de Chauncey, el jardinero, (Un jardinero con suerte, Hal Asby, 1979), que simplemente está en el momento y lugar justos, como si así, la vida le pasara a él, sin que fuera completamente responsable de sus actos o justificándolos, como lo hace ante una de sus hijas, como la forma en que protegió a su familia del mal que existe al exterior.


Scorsese no ofrece respuestas fáciles, Sheeran, con su impenetrable mirada, tampoco. ¿Es posible ser un criminal, un asesino y un padre de familia? ¿Existe alguna diferencia entre la mafia y la política cuando sus tácticas y sus fines son exactamente los mismos? 

El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

Comentarios