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Columnas Sueños de plata

Doctor Sueño. Dir. Mike Flanagan

La adaptación de la novela de Stephen King al cine es un truco complicado.

Por Manuel Ríos Sarabia

La adaptación de la novela de Stephen King al cine es un truco complicado. En 1980 Stanley Kubrick realizó su versión de El Resplandor, la cual, a pesar de ser considerada una obra maestra del cine de terror, nunca satisfizo a King, debido a los cambios de Kubrick, que no respetaban al pie de la letra su trama original.

La tarea a la que se enfrentó Mike Flanagan fue la de hacer una secuela de la película de Kubrick que al mismo tiempo fuera una adaptación más fiel del segundo libro de King. Esto se complica aún más cuando de entrada, el final de una y el inicio del otro no empatan.

Intentando dar gusto tanto al público que espera una genuina secuela de la película, como al mismo King, Flanagan opta por tomar escenas icónicas de Kubrick y recrearlas para establecer claramente que se trata del mismo universo y los mismos personajes.

Después de sobrevivir los traumáticos eventos acontecidos en el hotel Overlook (intentar ser asesinado por su padre alcohólico entre ellos), el pequeño Danny Torrance es guiado por el espíritu de Dick Halloran (el viejo chef del hotel), en la forma de usar su “resplandor” para librarse de los demonios que aún lo persiguen.

Cuarenta años más tarde Dan Torrance (Ewan McGregor), como su padre, encuentra refugio en el alcohol, para huir de las profundas heridas de su pasado. En el proceso de escapar de sí mismo, después de haber tocado fondo, y ser ayudado por un desconocido, Dan se encuentra telepáticamente con Abra (Kyliegh Curran), una niña “resplandeciente”, mucho más poderosa de lo que era él en su infancia. Recordemos que el resplandor es una especie de poder psíquico.

Paralelamente descubrimos que existe un grupo de seres vampíricos autodenominados el Nudo Verdadero, que se alimentan de la energía humana, en especial la de los niños que “resplandecen”.

Rose, El Sombrero (Rebecca Ferguson), la líder del Nudo Verdadero, detecta la existencia de Abra y guía a sus seguidores en una cacería para devorar el poderoso resplandor de la niña. En este momento la película de Flanagan (siguiendo fielmente a la novela) parece convertirse en una batalla entre villanos y superhéroes, del estilo que Martin Scorsese describiría como algo más cercano a un parque de diversiones que a una obra cinematográfica.

Es innegable que los temas tratados son inherentes a la obra de Stephen King, tanto que la cinta podría casi ser intercambiable con los dos episodios de IT (2017 y 2019), sin embargo, el problema es que no embona del todo con la visión de Kubrick, de la cual pretende ser una secuela.

Buscando despejar cualquier duda, Flanagan decide regresar al hotel Overlook para escenificar una batalla final entre el bien y el mal, y lo hace con una secuencia que recrea (en digital) la toma aérea inicial de El Resplandor de Kubrick (con música de fondo incluida). Pero ahí no acaban las cosas, una vez dentro del hotel, Flanagan bombardea al espectador con imágenes de 1980 una y otra vez. Esto, más que tejer una conexión narrativa, remite al momento en que los personajes de Ready Player One (Steven Spielberg, 2018) visitan virtualmente la película de Kubrick, y en vez de evocar terror genuino sólo parece ser una referencia más de la cultura pop de los últimos cuarenta años, diluida y deslavada.

La “espectacular” conclusión, retomada del libro original de King, que a su estilo, es absolutamente optimista, termina pareciendo algo más bien salido de la interminable saga de Star Wars (sobre todo recordando a McGregor como Obi Wan), e intenta hacer rimar, de forma forzada a los libros con las películas.

El mensaje de King, que Flanagan repite varias veces, para asegurarse de que quede claro, es que, el mundo es un lugar hambriento y las cosas obscuras devoran todo aquello que resplandece. Esta visión del mundo resuena sobre todo para los seguidores de las teorías de conspiración, en que existen sociedades secretas y seres reptilianos que controlan todos los ámbitos económicos y políticos y se alimentan del miedo. Si tan sólo la película fuera tan interesante.

El mundo es un lugar hambriento… de eso no cabe duda.

*El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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