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Columnas Educación

Detrás de la terquedad

Existe toda una gama de información detrás de la actitud obstinada de Donald Trump, para no aceptar la decisión de los ciudadanos estadounidenses al votar, mayoritariamente, por Joe Biden.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresió

Existe toda una gama de información detrás de la actitud obstinada de Donald Trump, para no aceptar la decisión de los ciudadanos estadounidenses al votar, mayoritariamente, por Joe Biden. No es solo el hecho de hacer rabietas tratando de retener para él, una victoria que ya es obvia para su contrincante. Hay algo de trasfondo que con esta estrategia quiere lograr: Dejar la presidencia sin ninguna consecuencia legal en su contra. Sus alegatos de que todo el sistema electoral estuvo amañado y contra su candidatura, acusando que todos los que intervinieron en el proceso de conteo de los votos, estuvieron contra él como una gran conspiración, va en este sentido. Aunque con estas aseveraciones se lleva entre las patas a todo el país, mismo que fue el que participó en su triunfo en el 2016, su maniobra es, según los análisis hechos, no ser imputado por delitos que acarrea desde años.

   Según la información que se discute en las televisoras, los periódicos y las redes sociales las posibilidades de que Donald Trump termine encarcelado son muchas. Por ejemplo, el Fiscal de Distrito de Nueva York Cyrus Vance Jr., le abrió una investigación por fraude bancario y tributario. Este delito es especialmente sensible para los ciudadanos de su país, dado que todos los años se presentan las declaraciones anuales de ingresos y egresos, sobre las cuales se pagan impuestos. Durante más de ocho años el aún presidente no ha comprobado que presentó sus declaraciones de impuestos, ni ha entregado copia de estas. Con el poder que tiene canceló toda posibilidad de que legalmente lo obligarán a hacerlo. Pero, lástima, el poder se le termina y por eso busca qué hacer para no caer en la cárcel y, además, la Suprema Corte de Justicia ya falló en su contra.  

 El historial delictivo de Trump no es mínimo, por el contrario, dentro de la amplitud de este tiene, 26 acusaciones de acoso sexual y más de 4000 procesos judiciales. También tiene 12 acusaciones por fraude fiscal, fraude bancario y obstrucción de la justicia, además de una acusación de intento de violación sexual en la década de 1990. Todo esto tendría que enfrentar como expresidente en juzgados penales y civiles, sin la enorme influencia de la que goza hasta ahora. Por lo que, con la terquedad de no aceptar su derrota, trata en realidad de buscar que el presidente le perdone todo y quede libre de delitos perseguibles.

 Su plan posible sería que, cuando esté cerca del fin de su mandato, una o dos semanas antes, renunciaría y le dejaría el puesto al Vicepresidente Mike Pence, quién tendría el poder de concederle el perdón y así lo haría. Esta jugada que no es ilegal sería altamente corrupta y exenta de ética, y Trump la asumiría sin ninguna duda, dada la conducta mentirosa y chapucera con la cual se ha conducido. No se pueden esperar acciones éticas y responsables de quién durante toda su administración se portó como si fuera un ser superior. Para nuestra satisfacción, aún quedan formas de que esto no suceda y que la presión social lo obligue a actuar como debe hacerlo. Vale.

*El autor es Lic. En Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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