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Columnas Termómetro Mental

Desobediencia pandémica

Sobre la pandemia no debería de haber ninguna diferencia en cómo vivirla, sin embargo, hay quien la ignora consciente o inconscientemente.

Por Ricardo Menéndez

Sobre la pandemia no debería de haber ninguna diferencia en cómo vivirla, sin embargo, hay quien la ignora consciente o inconscientemente. Le restan importancia y dicen “me cuido” y rompen constantemente las medidas sanitarias, algunos por necesidad, pero demasiados por indiferencia.

Lo que más asombra es que se conocen los únicos métodos de atenuar el contagio y no se implementen, aunque sea a la fuerza. En nuestras narices hay aglomeraciones o fiestas y nadie se escandaliza. Del otro lado tenemos una invitación presidencial a la apertura de circulación en nombre de la crisis económica, ese será el legado de Trump, entregará un país lo más abierto y expuesto que pueda.

Posponiendo hasta febrero que guarden sana distancia, usen mascarillas y el ABC de medidas que podrían invertir la gravísima curva ascendente de contagios en Estados Unidos.

Pero si comparamos muertes, ya que contagios no pueden compararse porque aquí no hay pruebas al público general, en California reportan en las últimas dos semanas casi 600 fallecidos por Covid, en Baja California casi 200, pero allá son como once veces más habitantes. Según los números californianos nos tocaría tener como 50 muertos y no tres o cuatro veces más.

Yo soy de los que no puedo cruzar por las restricciones pandémicas, pero por lo que veo hay menos desobediencia sanitaria del otro lado, aunque exista ese espíritu patriotero y rebelde representado por Trump. La pobreza de este lado puede explicar en gran medida la necesidad de exponerse, pero hay una desobediencia en las reuniones de amistades y familiares, en la forma de circular en la calle, en el trasporte público, áreas donde debería de verse la mano del gobierno.

China, cuna de la pandemia, tiene casi 1,400 millones de habitantes y cero muertes, la diferencia está en el control y obediencia social. Nuestro concepto de libertad supera el orden de lo necesario, las medidas ante un desastre natural no anteponen la libertad. Salvar vidas siempre es la meta.

Ante un terremoto, una inundación o un incendio puede volcarse el mexicano en generosidad y heroísmo, porque son breves en su impacto inicial, la pandemia es un desastre natural pero el síndrome de fatiga hace que se viva como un dilema ético. Cuidarse o no cuidarse.

Complejo entender el que al aislarse uno previene la muerte de otro, el humano tiende a pensar en primera persona y resulta difícil sacrificarse por el prójimo. El circular, durante unos meses, solamente lo esencial, el de cumplir las medidas sanitarias con rigidez, el sacrificio por las consecuencias materiales y afectivas de esto, es algo que mucha gente no está dispuesta a hacer. Estamos hablando de miles y miles de muertes prevenibles por restringirse un poco, por ser serios frente al problema.

* El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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