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Depuración policiaca

Bajo el argumento de que existen policías vinculados al crimen organizado, el secretario de Seguridad Pública Federal, Alfonso Durazo, anunció el inicio de un plan piloto de depuración policial, policías que serían reemplazados temporalmente por elementos de la Marina.

Por Juan Manuel Hernández Niebla

Bajo el argumento de que existen policías vinculados al crimen organizado, el secretario de Seguridad Pública Federal, Alfonso Durazo, anunció el inicio de un plan piloto de depuración policial, policías que serían reemplazados temporalmente por elementos de la Marina.
El anuncio lo hizo en conjunto con un Modelo Nacional de Policía que capacite a policías “buenos” a través de esquemas de profesionalización y mejoramiento socioeconómico, buscando un mejor comportamiento ético.
En un mundo ideal, el anuncio del Secretario sería bienvenido. Sin embargo, cada una de estas  acciones implica una labor monumental que no necesariamente se empatan en tiempos y objetivos.
Ciertamente no se puede negar que existen policías corruptos vinculados al crimen en todos los órdenes de gobierno, por lo que el primer cuestionamiento seria la razón de porque el policía se corrompe.
El que esto escribe ha estado presente en varias graduaciones de nuevos policías, donde he visto a los ojos a jóvenes de ambos sexos graduando, todos con sus familias presentes.
La percepción general es de jóvenes limpios, con vocación de servicio, buscando mejoramiento profesional y económico.
Igualmente, he estado en funerales de policías caídos en el cumplimiento de su deber, y he sido testigo de “coperachas” para sepultarlos y atender a sus familias.
Consecuentemente, ¿cuál es la causa raíz del que el policía se corrompa?
Al policía no se le establecen contrapesos claros en su desarrollo policial. Existen cambios constantes de mando donde en casos frecuentes es el superior el que lo termina corrompiéndolo. ¿Cómo se va a prevenir que esto siga sucediendo?
También debe considerarse que la normatividad federal requiere a cada estado contar con centros de control y confianza.
El problema es que estos exámenes son rotativos aplicándose cada tres años, periodo muy largo para las presiones y tentaciones a las que constantemente son sujetos nuestros policías, incluyendo amenazas de “plata o plomo”.
Igualmente, no existe normatividad adecuada para dar de baja policías reprobados, por lo que no pueden ser separados inmediatamente de sus cargos. El proceso de despido laboral es largo y sujeto a amparos.
Tampoco es garantía que estos exámenes de control y confianza sean justos, limpios y transparentes. ¿Cómo se va a garantizar que las evaluaciones estatales cumplan adecuadamente estos requerimientos?
Finalmente, no existen programas de seguimiento para policías dados de baja, mismos que por buenas o malas circunstancias son empujados a delinquir como única manera de seguir subsistiendo. Estos son elementos entrenados, con experiencia y conocimiento de tácticas policiacas.
Recordemos en Tijuana se hizo un proceso de depuración en el 2007, elementos de las corporaciones estatales y municipales fueron enviados a México y dados de baja de las corporaciones a las que pertenecían.
El proceso fue un desastre. Aunado a la baja moral que la acción generó en las policías locales, la mayoría de los elementos fueron reinstalados porque no se encontraron pruebas, y en los casos de aquellos elementos que no regresaron se les tuvieron que pagar indemnizaciones cuantiosas.
Creo honestamente el policía es una víctima más de la falta de estrategia en materia de seguridad de los gobiernos actuales y pasados.
Se tienen que crear programas paralelos de dignificación y capacitación en paralelo con los procesos de depuración.

* El autor es presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública del Estado.

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