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Del PRImor al PANmor

Para el próximo fin de semana don Jaime Bonilla Valdez terminará, no la luna de miel esperada, sino la efímera y amarga estrella soportada a causa del desgobierno que por consigna de su protector, López Obrador, nos fue impuesto a los bajacalifornianos.

Por Antonio Medina de Anda

Para el próximo fin de semana don Jaime Bonilla Valdez terminará, no la luna de miel esperada, sino la efímera y amarga estrella soportada a causa del desgobierno que por consigna de su protector, López Obrador, nos fue impuesto a los bajacalifornianos.

De trayectoria partidaria surtida o de tacos varios; el ya exgobernador lo mismo mudó del PRI al PAN que cortejó a los perredistas hasta, inclusive, hacer verano a la sombra del racista Partido Republicano gringo del cual fue (o sigue siendo) miembro, igual que reconocido ciudadano norteamericano, apreciado residente de lujoso vecindario estadounidense y, en la cúspide, “primer mandatario” que para contento de sus semejantes de allende el Bordo Bonilla gobierna un pedazo de patio trasero del Tío Sam.

Poseedor don Jaime de múltiples negocios (entre ellos medios televisivos, radiales y escritos) en un infortunado momento para AMLO –según revelación del propio Presidente el nativo de la Colonia Libertad hizo relevante favor político al ahora Ejecutivo que luego el tabasqueño, agradecido con quien antes lo respaldó, entregó a Bonilla el partido morena, lo convirtió en diputado federal, Senador, súper delegado y Gobernador. Meteórica carrera manufacturada por López Obrador a salud de su amigo aunque, tal determinación, fue copiado del envilecido priismo de cuates y carnales donde los antecedentes, acusaciones o pruebas adversas al bonillismo se trataron con cínico desdén.

Rudimentario proceder de regalar el poder a un individuo, y grupo, decidido y detonado por obra y gracia del huésped de Palacio quien consciente y determinado le valió, del pasado al presente, la biografía y narrativa que daba cuenta sobre la génesis (origen y creación) de su seguidor, de la camarilla asociada al mismo y de los mercaderes metidos en la política y los negocios que supuestamente se consagrarían a tejer una “Cuarta transformación”. Dedicados a extirpar la corrupción heredada del Prian. El de actuar diferente por medio del ejemplo: eso, propalaron, aguardaba al pueblo pues ya juntos la historia estaba hecha.

Sin embargo la realidad se impuso y lo previsible refrendó, con hechos, las sospechas antes soslayadas por la cúpula morenista encargada de salirse con la suya, confiándole, al candidato a gobernador, la facultad de escoger al cuadro de acompañantes ¿Y morena? ¿Y las instancias partidistas? ¿Y las convocatorias? ¿Y el proceso de selección? Simulando encuestas, tómbolas y patrañas de parecido tenor; el bonillismo atrajo lo peor del PRI, se rodeó de munícipes y secretarios distinguidos por su ignominia al “hombre fuerte” instaurando, para envidia del PRIAN, un remedo de diputados marcados por la gente como “auténticos lamebotas del jefe.

Bonilla partió dejando una gobernación en medio de la nada porque nada hizo contra la corrupción, violencia, narcotráfico, marginación social, adicciones, vialidades catastróficas o respeto a la ley.

Cierto que algunos intercambian adivinanzas sobre si el ex va, viene, se queda o congenia con la entrante del PANmor, empero, al carecer ambos de liderazgo, no representar al pueblo, ayunos de organización y fuerza social; como cualquier criatura de uso del poder su destino dependerá de quien los impuso…

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