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Columnas Ecoanálisis

De colores

En columna pasada discutimos las diferencias de peso de los humanos en los deportes, hoy reflexiono sobre el hecho de que también somos de distintos colores.

Por Alberto Tapia

En columna pasada discutimos las diferencias de peso de los humanos en los deportes, hoy reflexiono sobre el hecho de que también somos de distintos colores. Lo que llamamos color es la refracción de la luz en la superficie de algo tangible, una roca, planta, animal, cielo, mar o piel humana. Y los ojos humanos sólo pueden ver una fracción del espectro de luz, es decir, hay “algo” que no podemos ver pero que existe y algunos animales si pueden verlo. Lo mismo sucede con los sonidos, olores y otras percepciones. Pero hoy hablamos de colores.
Una característica que nos distingue de otros seres vivos es el significado que le damos a las cosas, en este caso, a los colores. Sabemos que originalmente la especie humana tenía la piel oscura como defensa contra la alta radiación solar de nuestra cuna africana y que en la medida que incursionamos hacia el Norte, con menor radiación, la piel se aclaró hasta llegar al “güerismo” rubio norteño. Razonamiento que no explica entonces porqué los esquimales son morenos en dónde menos radiación solar hay. ¿La excepción de la regla?
Se dice que, desde el medioevo, al definirse las clases sociales, los que vivían la mayor parte del tiempo bajo techo o dentro de los muros de un castillo, aclararon su piel a tal grado que sus venas eran visibles. Por el contrario, los labriegos expuestos siempre al Sol desarrollaron piel oscura sin venas visibles. Y en efecto la tez clara deja ver venas por alguna razón, de color azul. Históricamente, “los bajo techo” llegaron a nobles, caciques y reyes que el pueblo reconoció como de “sangre azul”. Y los labriegos y después obreros del Mundo, se quedaron con la sangre roja. Y el azul y el rojo formaron ideologías: capitalistas y nobles azules; obreros y labriegos unidos en el comunismo rojo.
Los revolucionarios franceses que tomaron La Bastilla en 1789 llevaban bonetes rojos en sus cabezas. El color rojo significa entre otros, violencia y fuerza, atributos imaginados en las masas oprimidas que luchan por su liberación. Por el contrario, el color azul significa, entre otros, el conservadurismo y la tecnología de la que ahora muchos se quejan de opresora. En México, los comunistas son rojos y los capitalistas azules y esos colores se reflejan en nuestros partidos políticos. Y me pregunto si Morena alude a la guadalupana de morena tez, ¿o a la mezcla del rojo y el azul que dan el morado y el guinda entre otros tonos? Entonces el nuevo partido hegemónico mexicano ¿es moreno por identificarse con el color predominante del pueblo mexicano y su Virgen? Al indagar el significado histórico de los colores encontré que para colmo de coincidencias el color morado significa ¡TRANSFORMACIÓN!
Ya sé, ecológico lector, Morena son las iniciales de tres palabras, movimiento, regeneración y nacional, pero ¿es una casualidad o planeación estratégica? “Haiga sido como haiga sido”, los mexicanos seguimos siendo de colores.

*- El autor es investigador ambiental.

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