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Columnas Casillero

Cuando los valores se pierden

“De virtud hay una especie, de maldad, muchas.” Platón

Por Ignacio Calderón Tena

“De virtud hay una especie, de maldad, muchas.” Platón

No cabe duda que frente a la adversidad, salen avante aquellos que luchan, que creen en ideales y los siguen, pues en ellos está puesto todo su empuje y coraje, sin embargo, cuando no hay ideales que perseguir o cuando los valores se pierden, cualquier cosa puede pasar, desde claudicar frente a los infortunios de la vida o peor aún, aceptar que nada podemos hacer por lograr lo que aspiramos. 

Hace algunos años leía al periodista Raymundo Riva Palacio, escribió en el Financiero, un artículo titulado “Fábrica de delincuentes”, en donde hacía un análisis desde el punto de vista sociológico del fenómeno de los narcotraficantes en los entornos de pobreza y falta de oportunidades en nuestro país y reflexionaba sobre el fenómeno social que representa la existencia de un grupo importante de jóvenes que ni estudian ni trabajan, quienes se encuentran, además, en medio del avance de la presencia del narcotráfico. Riva Palacio citaba el caso de una madre que explicaba su posición respecto al crimen organizado y los riesgos que implicaría para su hijo participar en él. 

Al respecto, la madre comentó: "prefiero que mi hijo viva plenamente aunque sea poco a que viva mucho tiempo mal", algo así como la reflexión, muy entendible, que puede hacer una persona a la que le han diagnosticado una terrible enfermedad, que no tiene cura y que solo le pueden prolongar la vida a costa de mucho sufrimiento. Solo en ese caso se puede justificar ese dejo de energía para luchar frente a una terrible enfermedad que va minando las fuerzas.

Lo extraño del comentario de esta mujer es que se refería al futuro de un hijo joven y totalmente sano, con toda una vida por delante y que acepta que es mejor que viva poco y muera asesinado a vivir toda una vida, pero sufriendo por el hecho de tener que ganar el pan con el sudor de la frente. Imagínese, amable lector, a una sociedad con esa apatía y conformismo, pero sobre todo, con una carencia total de valores. 

Esta forma de ver la vida no se dio de la noche a la mañana, es producto de muchos años de convivencia con el crimen y la delincuencia. Hace no muchos años, algunos sectores de la sociedad decidieron solapar al crimen organizado por una mezcla de miedo y pragmatismo pero que también incluye, en los sectores más marginados, una dosis de admiración por los principales delincuentes, muchos de ellos ensalzados de manera rutinaria en los llamados narco-corridos que varios medios de comunicación promovieron constantemente hasta crear un estereotipo de jóvenes exitosos de botas costosas, pickups alterados, sin placas y vidrios polarizados y sin que nada ni nadie los detenga. 

Todo esto aunado a un conformismo que termina siendo realidad y que para evitar la fatiga del trabajo honrado se acepta la salida fácil del dinero mal habido. Resulta evidente que esa dinámica social ha permitido que los cárteles contraten sicarios con facilidad, ante la tentación de dinero fácil en forma inmediata, sin embargo, recordemos como decía el Papa Juan Pablo II, el fenómeno de la droga es causa de la decadencia general, por eso las familias, el gobierno y la sociedad, tenemos que trabajar en el rescate de los valores. 

*El autor es asesor empresarial en cabildeo.

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