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Consumo de drogas en México

Tradicionalmente, el mercado ilícito de drogas se entiende por la demanda estadounidense y la oferta mexicana. Es decir, Estados Unidos es el gran consumidor de la droga que es traficada desde México.

Por Roberto Quijano Luna

Tradicionalmente, el mercado ilícito de drogas se entiende por la demanda estadounidense y la oferta mexicana. Es decir, Estados Unidos es el gran consumidor de la droga que es traficada desde México.

Los grandes carteles mexicanos hicieron su trayectoria bajo este esquema, toda la mercancía se iba para el otro lado. No obstante, esta dinámica ha cambiado en años recientes dado el aumento del consumo de drogas en México.

Según el “Informe sobre la situación del consumo de drogas en México y su atención integral 2019”, 10.3% de la población (16.2% hombres y 4.8%) ha consumido droga alguna vez; en 2011, esta cifra era 7.8% (13% hombres y 3% mujeres). En términos estadísticos este aumento del 3% es significativo y vislumbra una tendencia al alza. Es decir, cada vez hay más gente consumiendo drogas y particularmente visible con los jóvenes. Por supuesto, sin dudar del rigor de estos estudios, es difícil reflejar la totalidad de la situación.

Las causas de este aumento son numerosas: falta de oportunidades, problemas familiares, marginación, presión social, aburrimiento, acceso fácil a la droga, por nombrar algunas. Son tantas variables que no hay una sola solución única al problema, sino que deben ser muchas que vayan focalizadas a atender puntos específicos.

El informe indica que 84.7% del consumo de drogas inicia entre los 12 a 17 años. Por lo tanto, esto debe ser un indicador que nuestras soluciones deben orientarse hacia políticas públicas que tengan incidencia en estos grupos poblacionales. Si queremos que disminuya el consumo juvenil atendamos variables que involucren a jóvenes: deporte, educación o prevención.

Por otro lado, las drogas de inicio en adolescentes en centros de rehabilitación son: alcohol (34.4%), tabaco (30.3%), marihuana (25.4%), inhaladores (7.7%) y otras (1.9%). Por ende, debemos canalizar nuestros esfuerzos para evitar que estas sustancias lleguen fácilmente a los jóvenes por diversos medios: aumentar impuestos a alcohol y tabaco, campañas de salud pública.

En esta columna he expresado que la posesión y consumo de ciertas drogas deben ser despenalizadas (o legalizada en el caso de la marihuana). Encarcelar a alguien por consumir una sustancia de manera voluntaria es un error. Por supuesto, lo que sí debe de penalizarse es el daño a terceros estando bajo la influencia de alguna sustancia. No obstante, lo primordial no es castigar el consumo sino entender las circunstancias que llevaron a estos jóvenes que en plena edad productiva caen en vicios desgarradores.

Las drogas cada vez son más adictivas, dañinas y potentes. Hace unas décadas, la mayoría de las drogas eran a base de plantas; actualmente, aquellas sintéticas como el fentanilo y metanfetamina están penetrando el mercado cada vez más. La crisis de opiáceos en Estados Unidos debe ser una premonición de lo que podría suceder en México si no actuamos pronto.

México sigue siendo un país de población joven. Un país joven debe ser señal de productividad y dinamismo. Lamentablemente, seguiremos perdiendo este potencial si no volteamos a ver a quienes más tienen que ofrecer y que más apoyo necesitan.

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