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¿Como quién paga impuestos en México?

Una de las cosas que más coraje nos da a los contribuyentes en México es ver el nivel de evasión que se tiene en el país.

Por Pepe Avelar

Una de las cosas que más coraje nos da a los contribuyentes en México es ver el nivel de evasión que se tiene en el país.
El otro, es ver en lo que se usa el dinero recaudado, duplicando y hasta triplicando funciones en todos los ámbitos de gobierno.
El SAT, Sistema de Administración Tributaria, acepta que solo el 60% de la población total paga impuestos en México y eso, con todo que en el sexenio de Peña Nieto hubo un espectacular crecimiento del padrón de contribuyentes.
Tan solo hay que salir a las calles, para saber todo lo que se deja de recaudar en impuestos al constatar el nivel de efectivo con el que nos manejamos en mercados sobre ruedas, transporte público, fondas y restaurantes pequeños, venta de productos de catálogo, “comercio” ambulante, profesionistas en general (especialmente los médicos y abogados) y muchos otros giros que a fuerzas te quieren cobrar en efectivo y decirte que “no facturan”: ¡vaya eufemismo para decir -abiertamente- que evaden el pago de impuestos!.
Por eso, en países que son mucho más desarrollados que nosotros (que por cierto, como México pertenecemos a uno de sus clubes más exclusivos, la OCDE) han propuesto una fórmula -hasta ahora la mejor- para que todos contribuyamos a nuestra nación: Gravar más el consumo que el ingreso.
Me explico: el ingreso lo tenemos todos, pero no todos lo declaran. Sin ingreso no es posible que continuemos con nuestras vidas, pero ahí hay muchos huecos para recaudar eficientemente. En cambio en el consumo es distinto: ahí todos podríamos contribuir y es muy complicado evadir porque hay toda una cadena para intermediarios que compran, venden y revenden.
Por eso, si queremos un mejor ingreso en el Gobierno que pueda usarse para impulsar al país, debemos aceptar una fórmula que ya ha sido propuesta en otras ocasiones: cobrar una tasa generalizada del Impuesto al Valor Agregado, incluyendo el respectivo a alimentos y medicinas. De ahí nadie nos “salvaríamos” de pagar.
Ello implica, por supuesto, disminuir el impuesto al ingreso, el ISR, para balancear el sistema y no cargar la mano solo a la economía formal.
Antes, el pretexto para no generalizar el IVA era que todo se lo robaba el gobierno (y los sindicatos, los concesionarios de obra y servicios públicos y por supuesto, los funcionarios que autorizaban con quien y para dónde), pero ahora que dicen que estamos en una nueva era (en una supuesta transformación) ya no hay pretexto para no hacer adoptar esta reforma fiscal.
Por eso estoy en contra de la pretendida modificación a la reglamentación que quieren aprobar en el Congreso Federal para fiscalizar y criminalizar a los que generamos el trabajo y pagamos impuestos.
Sí, hay que admitirlo, ha habido “errores del contador” (jajaja) y también francos abusos, pero es aún peor el nivel de evasión de los que nada contribuyen y solo quieren estirar la mano para que les paguemos escuelas, despensas, becas de todo tipo y hasta sus “pies de casa”.
Pero independientemente de ello, si queremos ver al país progresar, alguien tiene que asumir el costo político de cobrar impuestos a todos. O es eso o ya no habrá dinero que alcance para estimular la economía.
Según dijo el Presidente de la República en su campaña y ahora como responsable del gobierno, con lo que se ahorre en corrupción gubernamental, haría mil cosas. El problema es que eso solo dura el primer año de gobierno (que está por cumplirse) pero y ¿después cuando ya no haya corrupción? Ahí solo le quedará la recaudación y pues, exprimir a los mismos no viene al caso porque, precisamente, somos los mismos.
Me molesta sobre manera escuchar a los políticos pedir dinero para esto y para aquello. Prometer que van a hacer esto y lo otro. Me molesta observar que la gente quiere que le tengan lástima y pida becas porque soy pobre o soy viejo o soy mujer o soy más allá. Ya basta.
El dinero de los contribuyentes es finito y como está el sistema será insostenible en el corto plazo. Quien no lo entienda, está perdido. Incluido el país.

* El autor es empresario, turistólogo y un enamorado de su ciudad.

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