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Columnas Águilas y serpientes

Cómo combatir la corrupción

En los últimos días, hemos estado viendo en las noticias ciertos actos de supuesta corrupción, dados con reserva puntual por los medios profesionales; y presentados como grandes escándalos, por quienes gustan agitar y sentenciar sin juicio y con prejuicio

Por Rafael Liceaga

En los últimos días, hemos estado viendo en las noticias ciertos actos de supuesta corrupción, dados con reserva puntual por los medios profesionales; y presentados como grandes escándalos, por quienes gustan agitar y sentenciar sin juicio y con prejuicio. Las autoridades están en las investigaciones. Pésimo que pueda haber corrupción, mal que salga en los primeros días de gobierno, pero bueno que ya salgan a la luz pública, cuando antes se ocultaba todo.

Todo ser humano debe procurar mejorar su desempeño, en donde viva, estudie, trabaje o nivel social que tenga. Para que su actividad la haga mejor para sí, para la sociedad y para trascender (ir más allá en el conocimiento y la vida). La ambición por el “tener desmedido” lo ha trastocado todo y es lo que produce la corrupción. Hay que hacer al hombre capaz de emprender y transformar su vida, familia, trabajo y sociedad.                                                   

Hay que ser íntegros. Integridad es congruencia entre pensamiento, emociones y voluntad.  Hay que ser confiables, inspirar el deseo de ser imitado. Confianza es cumplir compromisos, honrar los acuerdos. La naturaleza emocional del hombre íntegro se reduce a la virtud y el carisma.

Cuando el hombre hace lo adecuado, sobrevive; y cuando no, no sobrevive. Lo moral y la ética favorecen la supervivencia. Es necesaria una lavada de cara a todos con una permanente campaña de valores. Por lo tanto, la educación es prioridad, con la responsabilidad de preparar buenos ciudadanos. Para educar, el criterio debe de ser enfocarse en la persona (realización personal), en la familia (formación moral), en la sociedad (participación ciudadana, cohesión social, prevención), en la escuela (cultura integral), en el trabajo (capacitación y desarrollo). Cubrir las necesidades de la sociedad, la responsabilidad social, y gobernar para todos y bien.

Para lo anterior, debemos de “sacar lo que traemos en nuestro interior”, descubrirlo, aplicarlo, hacerlo virtuoso. Aprender a sentir los “chips” y desarrollar los (Instintos, llamadas, presentimientos). Hay que habilitar para emprender, redescubrir para trascender. En dónde habilitar es acondicionar para hacer algo no habitual. Y emprender, es comenzar a hacer algo resueltos a llegar al final. Redescubrir es poner de manifiesto, lo que no se conocía o lo que estaba oculto.  Y trascender es sobrepasar límites, ir más allá.

En todo lo que se hace, debe aplicarse la “Cultura integral”: De la actitud, de la educación, del respeto, del compromiso, de la integridad, de la responsabilidad, de la legalidad, del orden, de la transparencia, de la excelencia, de la paz, etcétera.

Hay que actuar con responsabilidad social, que es que toda acción de una persona, empresa o Gobierno, y todo proceso productivo sea excelente y ético, y sacie las necesidades reales de la gente y de la sociedad.

Quien busca superarse vence obstáculos, emprende, obtiene equilibro en su vida y lo promueve en las de los demás, aplica técnicas de los antepasados de “Darle a todo cara y corazón”. Hay que adquirir el toque universal y ético del Ser superior.     

* El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y coordinador de Tijuana en Movimiento.

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