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Columnas Ecoanálisis

Calentamiento global, enfriamiento social

Al finalizar la segunda década del siglo XXI, es bien sabido de todos que el globo terráqueo se está calentando como consecuencia, entre otros factores, de las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero... 

Por Alberto Tapia

Al finalizar la segunda década del siglo XXI, es bien sabido de todos que el globo terráqueo se está calentando como consecuencia, entre otros factores, de las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero, que atrapan los rayos solares al rebotar contra el Planeta, y la nube de contaminación los encierra y hace aumentar la temperatura, que durante el siglo pasado fue en promedio de 14°C. A este fenómeno se le conoce como Calentamiento Global, y sus efectos ya empezamos a sentirlos con sequías, inundaciones y ciclones más fuertes que en el pasado.

Este calentamiento está derritiendo aceleradamente los polos y debido a ello se espera que, para mediados del siglo, el nivel del mar aumente tanto, que cambiará la línea de la costa de todos los continentes. Pero ese mar aumentado, ya no será tan salado como ahora, sino que el agua dulce del Antártico y Groenlandia cambiarán su PH, extinguiendo a muchas especies marinas. Y como ha sucedido antes, sobrevivirán las que logren adaptarse a este cambio trascendental.

Hasta ahora no sabemos con certeza si nuevos microorganismos como el COVID-19, tienen relación con este fenómeno, mucho menos, si apenas es la primera muestra de lo que nos espera. Siempre que ha habido cambios radicales en el planeta Tierra, sucumben especies y aparecen nuevas, micro orgánicas o no, que aprovechan la coyuntura climática. Localmente, un enemigo potencial de nuestra salud es el alto nivel de contaminación del aire que nos hace más vulnerables a ataques de virus y bacterias sobre todo al sistema respiratorio.

Y mientras el mundo se calienta, la sociedad se enfría. La pandemia se ha encargado de aislarnos, la política de enfrentarnos y con ello dividirnos. Parece una alianza entre virus y políticos para destruir la congregación, la principal naturaleza de nuestra especie. En vez de empujar todos juntos la carreta en la misma dirección, la empujamos de todos lados y seguimos estancados. La movilización social, el avance histórico de los pueblos, fue posible gracias a las grandes congregaciones. Las revoluciones francesas y mexicanas, la guerra civil de los EUA, son ejemplo de ello.

La gran lucha por los elementales derechos civiles y humanos en los vecinos del Norte, se dio gracias a la congregación, la marcha de codo con codo que mostró su fuerza. Nuestra revolución se movilizó en hacinamientos, en campamentos y vagones del ferrocarril atestados. Las principales aspiraciones democráticas mexicanas se han manifestado, históricamente, el Zócalo repletos de gente. Pues bien, eso ha quedado prohibido con la pandemia, y con ello arrebata una de las muletas con las que se movía difícilmente nuestra democracia.

La humanidad, como un guiñapo, es jalada por un lado por el Calentamiento Global, y por el otro por el enfriamiento social, como queriendo descuartizarnos. Curiosamente, la última y más creíble teoría de la extinción de los otros humanos, los neandertales, explica que murieron, principalmente, por el enfriamiento y la contaminación del aire que produjo la erupción del volcán Vesubio hace 39 mil años.

*- El autor es investigador ambiental.

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