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Caducidad

Antes de la invención del refrigerador, mantener los alimentos en buen estado era muy difícil, aunque algunos de los métodos de conservación antiguos continúan empleándose en la actualidad.

Por Jaime Navarro

Antes de la invención del refrigerador, mantener los alimentos en buen estado era muy difícil, aunque algunos de los métodos de conservación antiguos continúan empleándose en la actualidad. Es el caso de la fermentación, perfeccionada en el Antiguo Egipto para elaborar pan, el curado, la forma más antigua empleada para conservar la carne y el encurtido, que originó los pepinillos en la Mesopotamia antigua. En las zonas más cálidas del planeta, la fermentación ocurría de forma natural. Los lácteos se fermentaban naturalmente en ciertos climas, por lo cual el proceso comenzó a realizarse de forma manual. La fermentación artificial se remonta al año 10,000 a. C. El registro histórico más antiguo es el de una bebida china hecha de arroz fermentado, frutas y miel, que data del año 7,000 a.C. Muchas de las técnicas de fermentación egipcias, desarrolladas entre el 3,500 y el 300 a. C., se siguen utilizando en la actualidad. En Egipto se comenzó a fermentar la masa para hacer pan, mientras que, en el valle del Tigris, actualmente Irak, se originaron los encurtidos de pepinos, en el año 2000 a.C. Desde el año 500 a. C., los chinos utilizaron la cuajada de soya como un tratamiento. Comprar el alimento fresco o recién elaborado es una de las características más valoradas por el consumidor. Generalmente, la frescura de un producto suele asociarse a la calidad y ésta a seguridad. Al consumidor le preocupa el tiempo que dispone para almacenar el producto en su hogar antes de su deterioro. Paralelamente, a la industria también le preocupa el tiempo que puede tener expuesto el alimento. Desde ambas partes, cuidar la seguridad de los alimentos es un requisito primordial. La caducidad de un producto, ya sea alimentario o médico, es de suma importancia en nuestra seguridad. Se trata de un requerimiento fundamental que implica a todas las personas por las que pasa el alimento o el medicamento. Desde la granja a la mesa, son muchos los factores que pueden alterar un producto alimentario o del laboratorio al consumidor. Sin embargo, la industria tiene la obligación de informar para una mejor conservación del producto indicando la fecha de caducidad. La vida útil de un alimento indica el tiempo que transcurre desde su elaboración hasta su deterioro. Esta fecha va dirigida a aquellos productos más perecederos, es decir, con más riesgos de contaminación para la salud humana, por ejemplo, los cárnicos. Por ley, existen algunos alimentos exentos de indicar la fecha de caducidad o consumo preferente, como son los vinos o bebidas alcohólicas de más de 10º. Esto no quiere decir que el paso del tiempo no deteriore su composición, aunque no ocasionen riesgos para la salud.

Todos los alimentos y medicinas se deterioran, unos más que otros y unos más rápidamente que otros. Su calidad disminuye a medida que se va agotando su vida útil. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) es importantísimo un uso adecuado de los medicamentos y fármacos, lo que significa que la persona recibe la medicación apropiada según su necesidad clínica, en las dosis correspondientes en función de sus propios requerimientos individuales como paciente, por el periodo más adecuado. La fecha de caducidad en un medicamento o fármaco se trata de un elemento importantísimo muy a tener en cuenta antes de su consumo, dado que es la que se indica o específica como tiempo máximo hasta el que se garantizan las características físico químicas, la potencia y la pureza del medicamento. Más aún, en tratamientos vitales o muy específicos es importantísimo respetar la fecha de caducidad indicada por el fabricante, ya que es la garantía de que el fármaco mantendrá el 100% de propiedades del principio activo. En el ámbito político también debería aplicarse la fecha de caducidad, sobre todo en aquellos funcionarios o políticos que presumen experiencia pero que sus ideas están caducas y también pueden representar un riesgo para la estabilidad de un país, ejemplo existen por miles. Baja California no es la excepción, se deberían reciclar para seguir evitando el deterioro en todo lo que tocan.

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