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Borolas y Tarolas

“El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe”. Diógenes de Sinope.

Por Ariosto Manrique Moreno

“El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe”. Diógenes de Sinope.

Poner apodos es lo de hoy en la política, solo basta con ver la enorme lista de Donald Trump hacia sus adversarios: Crooked Hillary (Clinton), Sleepy Joe (Biden), Lying James (Comey), Crazy Nancy (Pelosi), Pocahontas (Elizabeth Warren), Cuban Puppet (Maduro), Rocket Man (Kim Jong-un) o Juan Trump (López Obrador).

En tierras aztecas la cosa no es muy diferente, el actual Presidente va del “Ricky Riquín Canallín” (Anaya) al “Comandante Borolas” (Calderón) en recientes declaraciones. El Presidentes es un genio colocando apodos en el psique colectivo de sus seguidores, algunos dicen que es una característica del populismo moderno. ¿Será?

Yo no sé si sea o no una característica del populismo moderno, lo que sí estoy seguro es que los insultos solo son alimento para las focas aplaudidoras de cada bando y no le abonan en nada a la construcción del país que merecemos.

Insultar, según el Diccionario, es dirigir a alguien o contra alguien palabras, expresiones o gestos con intención de lastimar u ofender. Hay insultos que parten de una intención premeditada de desprestigio del adversario; otros, se producen en momentos de excitación en el calor de una discusión.

De por sí, la clase política es lo más despreciado por los ciudadanos, basta con leer la última publicación de Latinbarómetro en donde casi el 90% de la población confía poco o nada en los partidos políticos y el gobierno. Están a nada de que en la calle les escupan.

El agarrón mediático entre López Obrador y Calderón es vergonzoso a toda luces, pero haciendo un análisis objetivo de las cosas en el Presidente debe caer la prudencia por la simple y sencilla razón de que el cargo que ostenta pesa y pesa de orgullo, de historia, de dignidad. Desde mi personal punto de visa creo que López Obrador sigue sin salir de su hábitat que es la arena electorera, el discurso golpeador, el maniqueísmo; creo que es urgente pasar a la arena de la unidad, la reconciliación, el trabajo en equipo, el desarrollo y todo lo que le agregue valor a los sectores productivos de la población. Seguir atendiendo la agenda electorera de adversarios y ex presidentes es perder el tiempo y no dejar que los verdaderos temas del país sean debatidos.

O Calderón le gana la jugada a AMLO haciéndose insultar y jalando reflectores para sus evidentes objetivos políticos, o AMLO ha caído en la soberbia y actitud mesiánica de usar el principal micrófono de México para una guerra política sin sentido. México exige desarrollo, no una película más del Borolas y el Tarolas.

A mi me dan vergüenza los dos y no creo que México merezca esto, se nos hizo una promesa de cambio radical, sin corrupción y con crecimiento sostenido y sustentable; a un año del nuevo régimen todavía no veo ni cambio radical, ni transparencia, ni crecimiento sostenido… bueno, sí, un pírrico, mediocre y ridículo .001%

* El autor es director de Testa Marketing, investigación de mercados.

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