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Columnas Reflexión universitaria

¿Barrer la corrupción de arriba hacia abajo?

Frase célebre acuñada por el entonces candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador cuando se refería a la erradicación de la corrupción.

Frase célebre acuñada por el entonces candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador cuando se refería a la erradicación de la corrupción. Él sostenía que había que “barrerla” como se limpian las escaleras de “arriba hacia abajo”, de facto reconocía tácitamente que la corrupción se engendraba en las altas esferas del poder, es decir, en el poder ejecutivo.

De allí, se deriva la actitud del presidente AMLO de sostener la “honestidad valiente” como un ejemplo moralmente reconocido, digno de un mandatario distinto que llegaba al poder para “purificar la vida pública” de nuestro país. Después de haber obtenido treinta millones de votos en la última elección con una legitimidad a toda prueba estaba obligado a ser un referente de honestidad. Puso, entonces como ejemplo, que todos los servidores públicos deberían vivir en la “honrosa medianía Juarista”, además, que nadie estaría por encima de la ley y que nadie ganaría más que él.

Si la corrupción viene de arriba, entonces habría que enjuiciar al de arriba por acción u omisión. Hay un dicho muy “trillado” por muchos subordinados o de menor jerarquía que expresan “si los de arriba roban, por qué nosotros no deberíamos de hacerlo”. En consecuencia, mientras no se aplique la ley, sobre todo a expresidentes, las cosas seguirán igual, se necesita poner un hasta aquí, y poner tras las rejas a los exmandatarios que se les compruebe que hayan malversado los recursos públicos. Históricamente, la impunidad en nuestro país ha sido un “lastre” al cual se le debe combatir con mano firme. En México debe cumplirse la ley y no debe utilizarse como un instrumento político de coyuntura para eliminar a los contrarios. Pero también, el día en que metan al presidente de la república a la cárcel, siempre y cuando se le compruebe que haya malversado los recursos públicos ese día cambiaría nuestro país. Terminaría de tajo la percepción negativa que tenemos en el mundo, y se erradicaría la dicotomía “corrupción e impunidad”.

La división de poderes en un sistema político presidencialista debería ser una condición “sine qua non” para que se facilite esto. Mientras el poder judicial esté supeditado al ejecutivo, quien es el que le da órdenes, jamás se logrará despolitizar la aplicación estricta de la ley.

También cuando se de la división de poderes y el poder legislativo deje de depender o hacerle caso al ejecutivo para elaborar leyes que no favorezcan a la sociedad o que se utilicen para enjuiciar de manera diferenciada a quien el presidente desee, habremos dado un paso importante en el desarrollo democrático. ¿Qué consecuencias habría si se llegara a enjuiciar y meter a la cárcel a un ex presidente? Se terminaría con una tradición política, en donde el presidente en turno es el rey, sería un país de instituciones y no de un solo hombre. Terminaría con el estilo autocrático de gobernar, en donde nada se mueve sin la venia del presidente. Sería un “cisma político”. A ciencia cierta no sabríamos qué ocurriría, porque los expresidentes siguen teniendo poder, tienen su gente, su equipo y conservan grandes intereses con empresarios y grupos fácticos y de opinión que siempre estarán presentes.

El presidencialismo entraría en crisis ya que sería otro poder el que tendría que enjuiciarlo, ya no habría supeditación al ejecutivo de parte del legislativo y judicial. Se rompería con una serie de componendas entre un presidente saliente y otro entrante, tal y como se dice que antes de dejar y arribar al poder se ponen de acuerdo para no agredirse y “pactar inmunidad” con sus pares todo aquello que los pudieran incomodar.

No es una situación fácil, hasta ahora ningún presidente se ha atrevido a “tocar, ni con el pétalo de una rosa” este tema, no debe someterlo al escrutinio público, se debe aplicar la ley. Por ello, estamos en la espera de que se cumpla con lo que se comprometió, “barrer la corrupción de arriba hacia abajo”. ¿ O no sería mejor la unidad y la concordia social?

* El autor es economista egresado de la UABC.

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