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Ayotzinapa: alas contra el viento

Del 2014 al 2021 transcurrieron siete años, cuatro corresponden al sexenio de Peña Nieto y tres al de López Obrador.

Por Antonio Medina de Anda

Del 2014 al 2021 transcurrieron siete años, cuatro corresponden al sexenio de Peña Nieto y tres al de López Obrador. Durante esa surcada y prolongada espera el resistir aguarda desembarazar, conocer y comprender el secuestro y desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas rurales de Ayotzinapa; el de poder bajar la desconocida y misteriosa cortina que esconde la verdad de lo entonces ocurrido en Iguala, Guerrero; el de retirar el velo antepuesto por el régimen donde lo veraz de aquel cobarde crimen ha sido sesgado, de pe a pa, interponiendo una sarta de patrañas, cuentacuentos y murmuraciones del corre ve y dile que el sistema de justicia falsea para así cometer ultraje.

¡Fue el Estado! Se duelen las voces de madres y padres de los muchachos retenidos. ¡Fue el Estado! Claman las gargantas solidarias con los raptados. ¡Fue el Estado! Refrendan los medios independientes. ¡Fue el Estado! Acusa el dedo de respaldo expuesto en diversos países… sin embargo al final, la cruda realidad se impone: el aparato coercitivo del Estado, el diseñado para reprimir vía la fuerza bruta nada tiene de ficticio ni de imaginario al ponerse en acción, precisamente, a través de sus despiadados tentáculos: razón y ser de todo gobierno autoritario.

Histórico referente donde reposan los regímenes despóticos que disfrazados de tolerantes, democráticos y hasta de consentidores; cuando menos se espera levantan la espada represiva en resguardo de intereses inconfesables sean, real o supuestamente amenazados, sin importar si el delito cometido por dicho aparato deviene de un crimen de estado donde jamás se conocerá la verdad, porqué se produjo, cómo se planeó y quienes lo ordenaron: en México la masacre de estudiantes en Tlatelolco; Aguas Blancas; Acteal o Tatlaya, entre otros, nadie sabe ni sabrá con exactitud el origen de la conspiración.

¿Y Ayotzinapa? En siete años mudaron de piel gobernadores y munícipes guerrerenses. Partió el antiguo y entró un nuevo sexenio. Los cuerpos policiacos de todos los niveles permanecen al parejo de las tropas del ejército que siguen parapetadas en Iguala mientras, cual testimonio insustituible como insoslayable, el crimen organizado continúa manteniendo el terror habitual, seguros de sí mismos, dando por cierto que los encargados de enjuiciarlos por lo infligido a los 43 nunca tendrá lugar.

Y allí, entre la interminable maraña investigadora; el gobierno de la llamada 4T agotó tres años en entrevistas, conferencias, monólogos o expidiendo nuevas órdenes de captura, a la par de empotrar en el caso a la Presidencia, Fiscalía, Gobernación y Defensa Nacional quienes, al igual que los tejedores de la “verdad Histórica” no han ido más allá de agregarle kilos al viejo expediente, recoger nuevos testimonios, volver a revisar el sitio del basurero, usar recetas científicas y ejecutar detenciones pendientes pero, de la ubicación y destino de los jóvenes cero indicios, en similitud a la obscura nube encubridora de los altos responsables del embrujado episodio.

Por supuesto, en este como en otros crímenes de alto impacto, el ejército continúa intocable…

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