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Columnas Águilas y serpientes

Asesinato y suicidio en las fiestas covid

Todos sabemos que estamos llenos de una serie inacabable de tonterías que cometemos todos. Hay unas inofensivas; y otras que hacen un daño tremendo a uno mismo, a la gente y a las sociedades.

Por Rafael Liceaga

Todos sabemos que estamos llenos de una serie inacabable de tonterías que cometemos todos. Hay unas inofensivas; y otras que hacen un daño tremendo a uno mismo, a la gente y a las sociedades. Una de esas grandes y destructivas tonterías, son lo que llaman ahora “Fiesta COVID”, que es una supuesta actividad social en la que un grupo de personas se reúne con la intención de demostrar que no se contagian; o que si lo hacen, son invencibles. Son especialmente jóvenes, educados quien sabe por quién, que se reúnen intencionalmente para cometer la estupidez, desafiando deliberadamente al virus. También lo hacen para demostrar que, según ellos, todo es un engaño, reforzando otra idea tonta que es la de las conspiraciones. Lo paradójico es que después de haber sufrido miles de muertos y una cuarentena con pocos precedentes en la historia, sea tan frecuente ver a este tipo de sujetos. Se suicidan yéndose a enfermar o matan contagiando.

Desde los medios de comunicación y los gobiernos se apela continuamente a la responsabilidad colectiva, pero el mensaje no llega y son la burla de los que subestiman e incluso se permiten bromear sobre el coronavirus. Hay una falta total de educación personal, y una pérdida de credibilidad de las instituciones, haciendo a los ciudadanos, lo quieran o no, más vulnerables.

Llevamos ya muchos meses, viendo noticias sobre el aumento de contagios, las muertes asociadas, la presión sobre los centros

de atención, el caos en los protocolos que se llevan a cabo, etcétera. Pero muchos siguen sin entender; como los irresponsables de las “fiestas Covid” o algunos políticos, que siguen adelante con su circo de aplaudir o reprochar cualquier acción que se haga, según qué partido político la haga. Una frívola irresponsabilidad del juego político. Esta es la otra pandemia, igual de tóxica y contagiosa, junto con la de las “feak news”.

Y cómo no va a estar la situación tan difícil, después de un verano de fiestas y carnitas asadas; y de un fin de año con celebraciones familiares y reuniones de amigos. Hay mucha gente ignorando las restricciones, y mucha más que solo sabe echarle la culpa al gobierno. Todos jugamos nuestro juego, pero no todos responsablemente, y nadie nos unificamos para atacar en serio al verdadero enemigo. Ante el empeoramiento de la situación, los enfrentamientos políticos por los manejos, y el mal comportamiento de algunos ciudadanos, los médicos ya hablan de un 2021 “conflictivo”.

El mexicano, en general, se queja de la corrupción, la prepotencia y los abusos que se perpetúan contra todos, pero no son capaces de poner lo que les corresponde: participación, activismo, responsabilidad e integridad. Por eso, parece cierto aquello de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Aunque si fuera así, el nuestro debería de ser peor. ¿Quién le pone el mal ejemplo a quién? ¿El gobierno al pueblo o el pueblo al gobierno? En realidad, es una relación asociante, difícil y desesperante. ¡Cuídeseme mucho! ¡Cuidémonos todos!

*El autor es asesor administrativo, presidente de Tijuana Opina y coordinador de Tijuana en Movimiento 

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