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Columnas Termómetro mental

Anticipación

La ansiedad anticipatoria es una experiencia inevitable en la mayoría de los habitantes en una ciudad con un brote de Covid-19.

Por Ricardo Menéndez

La ansiedad anticipatoria es una experiencia inevitable en la mayoría de los habitantes en una ciudad con un brote de Covid-19. Se trata de una emoción producto de una respuesta de las estructuras cerebrales donde se procesa el miedo y la ansiedad.

La frontera entre estas dos es borrosa en lo fenomenológico, el miedo significa reconocer objetivamente un peligro, puede ser una fuente de disciplina. La ansiedad significa un desbordamiento de ese mismo miedo bajo la forma del temor a enfermarse, a que se enferme un ser querido o cercanos.

Es parte característica del coronavirus matar mayores de sesenta años, una maldición a terminar prematuramente tus últimos años de vida. Vaya dilema bioético el tener una norma para decidir a quién realizarle intubación entre una persona mayor o menor.

Puede ser que esté suficientemente sana esa persona de la tercera edad y tuviera posibilidades de no perder la vida prematuramente, se opta por el más joven. Yo lo entiendo como una necesidad de aligerarle el juramento hipocrático al profesional final que tenga que decidir a quién otorgarle el ventilador.

Como miembro orgulloso de la tercera edad les digo a los menores que no quisieran estar en nuestro lugar. Es muy fácil que el miedo a la muerte, o a la pobreza, se convierta en ansiedad, tan intensa que estorbará para tomar decisiones inteligentes. En México veo pobre empatía por el personal de salud en acción y por los viejos.

Si en Italia, España o Estados Unidos murieron muchos en asilos es porque tienen asilos. En el tercer mundo el anciano está en casa, en mucho riesgo porque en la mayoría de las casas alguien está saliendo a conseguir para comer. Algún afortunado tendrá la posibilidad de tener un ángel que le traiga los alimentos a casa, es un voluntariado que debe surgir en la comunidad. Hay que atender al viejo que esté en el barrio, sea rico o pobre.

Fácilmente una de cada veinte personas, y me quedé corto, tendrán una crisis de ansiedad en estos meses tan surreales. Sin aviso cambiamos de forma de vivir, convivir y sobrevivir, mucho trastorno de adaptación, en ocasiones acompañado de una depresión.

No podemos negar que estamos ante un duelo anticipado. Es como si vas en un autobús cuando pierde los frenos y el chofer grita “agárrense”, pero en cámara lenta. Llevamos semanas escuchando hasta dónde puede extenderse el contagio en poco tiempo, ahora las predicciones científicas dicen “ahí viene” y aparece una nueva incertidumbre, ¿cuántos morirán en las próximas semanas? De pocos escrúpulos criticar a quien lleva el timón, es momento de unión y remar parejo. Ya tendremos tiempo para aplaudirle o reclamarle.

* El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana

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