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Columnas La verdad sea dicha

Amigos con derechos

Amigos con derecho... a disentir, claro.

Amigos con derecho... a disentir, claro.

Múltiples definiciones de amistad o amigos vamos a encontrar en las redes sociales.

Los amigos se cuentan con los dedos de una mano.

Un verdadero amigo es quien te visita en el hospital y la cárcel.

Los verdaderos amigos tienen derecho a disentir, discutir, ponerse de acuerdo o transitar en el desacuerdo. Sin dañarse.

Cuantas definiciones existen para las relaciones de amistad, hasta hay un día para su celebración comercial.

Pero es evidente que las relaciones que se construyen en la esfera privada son radicalmente diferentes a lo que sucede en el escenario público-político.

Recientemente tanto el gobernador, Jaime Bonilla como el presidente, Andrés Manuel López Obrador hicieron gala del sentimentalismo y hablaron de su amistad, construida desde hace mucho tiempo.

Una amistad medida con un nivel muy bajo, en donde más bien parece que el chantaje es la moneda de cambio.

Alrededor de este entretejido amistoso, estaba la molestia del amigo Jaime porque Andrés no le permitió liberar la caseta de cobro en Playas de Tijuana. Se envió a la Guardia Nacional y hasta se anunció que se presentaría una controversia en la Corte.

Mientras que, desde el estado, el “gobernabroder” veladamente le dijo a su carnal que no estaba cumpliendo con sus promesas del 2018.

Por supuesto que estas diferencias, ventiladas a través de las conferencias matutinas de Bonilla, dejan mal parados a los dos personajes, ya que evidencian que lo que un día fue, ya no será, y eso afecta a la población.

Con esos amigos...

La amistad es un valor ligado a las relaciones sociales desinteresadas.

La política es una actividad social basada en la estrategia y la conquista de metas y objetivos. Es utilitarista y pragmática.

La amistad no admite interés estratégico.

Salvo que sea visto como una necesidad humana de no estar solo, y ser amado, reconocido y sentir arraigo y pertenencia a un grupo.

En ese sentido, más que relaciones amistosas, se estarían tejiendo intereses, como suele ser entre los políticos.

La amistad en el servicio público no debe trastocar el bien para los gobernados, a diferencia de lo privado donde las afectaciones son individuales.

No debe ser utilizada como un chantaje, una petición de lo imposible o ilegal, bajo la sombra de la amistad.

En el servicio público, no hay amigos, ya que todas las acciones están reguladas por la ley. Cuando menos en las políticas públicas siempre se argumenta eso. Ni cuates, ni cuotas, se dice.

La amistad en el sector público-político puede ser posible, aunque son casos excepcionales. La regla en política es “la amistad hipócrita”, esa que está basada en intereses mezquinos. Temporales, de uso y utilidad, más que de solidez.

La amistad es una relación social donde existen diferentes variables como la afinidad ideológica, espiritual, solidaridad, fraternidad, actitud ante la vida.

Variables que en la política son matizados con los intereses momentáneos, esporádicos. No hay ni enemigos ni amigos eternos, dependen de contextos, luchas y momentos concretos.

Vean los casos Emilio Lozoya, Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto. El cuidadoso y cerrado círculo político de “amigos” que caminaron juntos durante la campaña y primeros años de gobierno de Peña.

Prueba fehaciente de las amistades peligrosas. De esas que están envueltas en el grito de sálvese quien pueda.

La verdad sea dicha.

* La autora es directora del portal MF Noticias Mexicali.

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