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Columnas De historia y algo más

Alianzas partidistas

Es poco conocido que Hernán Cortés antes de la expedición de la conquista de México había vivido en la Española (hoy Dominicana) y que además era lugarteniente de Diego Velázquez.

Por Jaime Navarro

Es poco conocido que Hernán Cortés antes de la expedición de la conquista de México había vivido en la Española (hoy Dominicana) y que además era lugarteniente de Diego Velázquez. Tal expedición salió de Santiago de Cuba al 18 de febrero de 1519. Su pequeño ejército era formado por quinientos ocho soldados, cien marineros, diez pequeños navíos, diecisiete caballos y diez cañones. El capitán extremeño desembarcó en la isla de Cozumel, junto a Yucatán, donde un español, prisionero de los habitantes de la zona durante años y conocedor de la lengua y costumbres del país, Jerónimo de Aguilar, le sirvió de intérprete. En Tabasco derrotó a los habitantes de la zona, por lo que recibió veinte esclavas a cambio; entre ellas, la hija de un cacique de la región que respondía al nombre de Malintzin, quien, con el tiempo, devendría la famosa Malinche o Doña Marina, como acostumbraba a llamarla Cortés, su compañera, intérprete y consejera. Los dos intérpretes que adoptó fortuitamente le servirían para penetrar en un mundo desconocido para él y le resultarían de incalculable valor para la conquista de México. Al desembarcar en San Juan de Ulúa entró en contacto con los representantes de Moctezuma en la zona, quienes le ofrecieron ricos presentes. Los españoles organizaron un desfile militar de caballería y artillería con el objeto de mostrar su poder a los Mexicas, para reforzar en los habitantes de la zona la creencia de que trataban con seres superiores, que Cortés, hábilmente, supo aprovechar. Así, decide penetrar en México y hábilmente se alía con los Totonacas. Pretende quebrar la resistencia del Imperio Mexica mediante pactos con los señoríos colindantes, sometidos a la voluntad del agresivo imperialismo azteca. Después de quemar sus naves, para que nadie pudiera regresar a Cuba, se dirigió hacia Tenochtitlan en agosto de 1519. Se enfrentó a los tlaxcaltecas, encabezados por Xicoténcatl, que se presentaban como aliados y enemigos al mismo tiempo, lo que desgastó mucho a los hombres de Cortés. Pero éste conquistó Ocotclulco, elevó la moral de sus soldados, se ganó el favor de los Tlaxcaltecas y atemorizó a los Mexicas. Al continuar con el proceso de conquista realizó alianzas con el reino de Michoacán, las zonas zapotecas de Tabasco, Chiapas y Guatemala. A Cortés se le facilito mucho la conquista de México aliándose con los enemigos de los aztecas, una guerra civil disfrazada con un líder blanco y barbudo. Esas alianzas se siguen dando en la política mexicana y son muy similares a las que realizó Cortés. En las pasadas elecciones todos los partidos políticos se aliaron para vencer a quien ostenta el poder en este momento, los resultados no fueron los esperados por las alianzas, primero se alían para acceder al poder no importando su ideología y cuando no lo logran tratan a como dé lugar impedir que se gobierne y si a eso le súmanos las promesas no cumplidas en las campañas, el panorama no es muy halagador, llegando al extremo de dejar programas y obras inclusas por presiones de su propio partido político, su única meta es oponerse a todo, no importa si es bueno o malo, incluso llegan a financiar manifestaciones y agresiones con tal de lograr su objetivo, joder, joder y joder. Un presidente dijo que nadie se levanta pensando en joder al país, nada más apegado a la realidad, hay muchísimas personas que lo hacen día a día, para muestra un botón, solo volteemos a ver a los congresos de los estados y a la cámara de diputados.  Lo ideal sería que no existieran esas alianzas, que cada quien se la juegue con sus propia ideología y propios candidatos. Seriamos un mejor país sin duda. Evitemos el síndrome tlaxcalteca.

*- El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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