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Columnas Sueños de plata

Adú / Mucho mucho amor/Dir. Salvador Calvo, Cristina Costantini & Kareem Tabsch

El segundo largometraje de Salvador Calvo tomó su inspiración en una historia real de inmigrantes africanos intentando llegar a España... 

Por Manuel Ríos Sarabia

Mientras el semáforo continúa en rojo y los ciudadanos insisten en no tomar en serio la pandemia, ni seguir las medidas preventivas indispensables para ralentizar su avance, seguimos cautivos de las trágicas consecuencias de la conducta ignorante y daltónica, de una población que no es capaz de entender el significado de un semáforo en rojo.

Las salas de cine continuarán cerradas indefinidamente. Esto significa que en cuestión de estrenos seguiremos recurriendo a las distintas plataformas existentes en línea. Netflix recientemente estrenó dos producciones del 2020.

El segundo largometraje de Salvador Calvo tomó su inspiración en una historia real de inmigrantes africanos intentando llegar a España, conocida a través del contacto que tuvo con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado durante la filmación de su primer cinta, 1898.

El guion de Alejandro Hernández utiliza el recurso de historias paralelas que inevitablemente se cruzarán en algún punto, muy al estilo de los guiones de Guillermo Arriaga para Iñárritu (Amores perros, Babel).

La historia inicia en la frontera de Melilla con Marruecos, donde una caravana de inmigrantes intenta saltar la valla. Este incidente con la Guardia Civil termina en la muerte accidental de un refugiado.

En Camerún, Adú (Moustapha Oumarou), un niño de 6 años y su hermana son testigos de la matanza de un elefante dentro de una reserva, a manos de contrabandistas. Estos últimos los persiguen, obligándolos a huir de su hogar.

Gonzalo (Luis Tosar), un adinerado español que trabaja en la reserva, se ve amenazado por sus colegas locales y decide partir, con su hija adicta, a su casa al Norte de África, para continuar con su trabajo de preservación mientras intenta mejorar su relación familiar.

La historia central, obviamente, es la del titular Adú y su travesía a lo largo del continente; y es también la mejor desarrollada e interesante de las tres. Tristemente la experiencia no parece ser tan distinta de la que se vive en nuestro continente con sus interminables caravanas rumbo a los Estados Unidos.

La odisea de Adú revela las trágicas experiencias con las que son confrontados los migrantes en búsqueda de una mejor vida, que van desde el hambre hasta la prostitución y en una inmensidad de ocasiones terminan con la muerte.

Durante su doloroso camino, Adú se encuentra con otro migrante adolescente, Massar (Adam Nourou), que se convierte en su “mago” protector, y se propone llevar al pequeño hasta su destino final en España.

Las otras dos historias, aun con los importantes temas que abordan, terminan siendo incidentales y la forma en que las tres finalmente convergen no resulta muy satisfactoria.

El guardia civil que “accidentalmente” mató al refugiado en la frontera, expone su visión simplista de la problemática de una manera sombría, que definitivamente hace eco en la situación migrante de nuestro continente: “Los africanos ven la valla y piensan, no eres bienvenido. Lo que realmente significa es, resuelvan sus propios problemas”.

En un tono mucho más ligero, tenemos el documental Mucho, mucho amor: La leyenda de Walter Mercado. El título, como su sujeto, resulta algo exagerado, ya que no se trata de una leyenda como tal, sino de un emotivo recorrido por la trayectoria del churrigueresco astrólogo boricua.

Los directores inician el documental insinuando el misterio de la desaparición de Mercado de las pantallas, para después presentarlo en su casa y de ahí retroceder los pasos por su historia, exponiendo todo lo sucedido hasta el momento de la actual grabación.

Lo que sin duda es sorprendente y una revelación para quienes, como yo, descubrieron al estrafalario personaje a mediados de los noventa, a través de transmisiones en cadenas hispanoparlantes estadounidenses, es el hecho de que su carrera como astrólogo televisivo se remonta a 1969. En ese entonces casi por casualidad, siendo invitado en un programa de televisión para promocionar una obra de teatro, se le solicitó hablara sobre astrología, tema que tanto le apasionaba. La respuesta del público instó a la televisora a ofrecerle un programa y el resto es historia.

La razón por la que 36 años más tarde Walter desapareció de las pantallas fue debido al fraude perpetrado por su representante de décadas, Bill Bakula, quien lo hizo firmar un contrato, en que le entregaba todos los derechos de comercialización, incluso su nombre e imagen a perpetuidad.

Las consecuencias de la traición y años de litigio afectaron la salud de Mercado pero afortunadamente tuvo un pequeño resurgimiento a raíz de la celebración de sus 50 años de trayectoria y la producción de este mismo documental.

Con su exuberante personalidad y ambigüedad sexual (tema que siempre mantuvo al margen), su look, entre tía exótica y Liberace en esteroides, Walter Mercado siempre se ocupó de transmitir un mensaje de positivismo, pero sobre todo de mucho, mucho, mucho amor.

* El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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