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Columnas Mar de fondo

¿AMLO prefiere a Trump?

Ha corrido ya demasiada tinta sobre la postura que adoptó el presidente Andrés Manuel López Obrador frente a la elección de Estados Unidos y en particular ante el triunfo del candidato demócrata Joe Biden, pero la polémica continua hasta ahora.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Ha corrido ya demasiada tinta sobre la postura que adoptó el presidente Andrés Manuel López Obrador frente a la elección de Estados Unidos y en particular ante el triunfo del candidato demócrata Joe Biden, pero la polémica continua hasta ahora.

El gobierno de México es uno de los pocos que no ha realizado un pronunciamiento favorable al triunfo de Biden y se ha quedado de lado de varios líderes autoritarios de otros países, simpatizantes de Trump, que han guardado silencio.

López Obrador ha explicado su postura diciendo que es por “prudencia”, y que hasta que no se haya definido clara y legalmente quien será el presidente de aquél país, no hará ningún pronunciamiento. Se parapeta en la doctrina Estrada, que establece la no intervención en los asuntos de otras naciones.

Para muchos, la postura de AMLO significa un grave error político y diplomático que podría traer represalias y varias otras consecuencias para México. Otros lo ven como un gesto que a todas luces no se justifica porque a pesar de lo que alega Trump, la elección fue limpia y los votos dieron claramente como ganador a Biden.

Otros más creen que AMLO no reconoce todavía el triunfo de Biden porque intenta protegerse ante una reacción vengativa de Trump antes del plazo para dejar la Casa Blanca. En fin, hay explicaciones para todos los gustos y para todas las posturas políticas, pero aquí ofrezco una distinta y más cercana a la realidad.

López Obrador no se pronuncia y reconoce el triunfo de Biden porque no quiere ir en contra de Trump, con el que se identifica plenamente desde el punto de vista político e ideológico, pero también porque sabe, o reconoce implícitamente, que eso que se le está cuestionando a Trump en Estados Unidos y en otras partes del mundo, también se le puede cuestionar a él en México.

Hay que tener claro una cosa: a pesar de que Trump ha sido el presidente norteamericano más hostil hacia México y hacia los mexicanos, y el promotor más entusiasta para construir un muro infranqueable entre los dos países, así como el que impuso políticas migratorias ajenas a México (como la de detener a los migrantes centroamericanos en la frontera con Guatemala), AMLO encontró en él una gran identidad política que, bajo su sombra, le permitirían llevar a cabo sus propuestas de cambios en nuestro país.

Es una idea difícil de comprender pero tiene mucho de verdad. Para explicarlo de otro modo hay que decir que, sin Trump en la presidencia de Estado Unidos, no va a ser igual el gobierno de López Obrador, porque Trump no obstante su hostilidad y su odio hacia México, fungió como un paraguas para AMLO, como una referencia cuya orientación política e ideológica tenía muchas similitudes con las ideas de López Obrador.

Trump y López Obrador se identificaban en varios puntos fundamentales, que fue lo que AMLO privilegió en su relación y trato con Trump, no obstante su belicosidad hacia nosotros. A pesar de sus orígenes distintos, tanto Trump como AMLO se guiaron por ese conjunto de ideas que algunos autores han identificado como el populismo, ya sea de izquierda o de derecha.

Estos puntos son su rechazo hacia las instituciones de la democracia representativa, el asumirse como gobiernos “del pueblo”, la identificación de un enemigo (las élites, el neoliberalismo, etc.), la relativización de los hechos (“yo tengo otros datos”), el rechazo a la ciencia y el pensamiento científico, el rechazo y el combate del pluralismo privilegiando la uniformidad, apelar a los sentimientos y emociones antes que a la razón.

Pero sobre todo, tanto en Trump como en AMLO, la constante referencia a un pasado, a una etapa histórica anterior, ya sea para recuperar la grandeza o para retomar el hilo conductor de la historia que fue “desviada” por los neoliberales, como piensa y supone López Obrador.

Desde este enfoque de las cosas, no es fácil para AMLO aceptar la derrota de Trump y darle la bienvenida a Biden, que será todo lo contrario. López Obrador sabe que dejará de tener un aliado, no para llevar a cabo ciertas políticas concretas favorables para el país como se piensa, sino para promover este proyecto de cambios “monumentales” o delirantes como los que sostiene.

López Obrador no quiere un aliado como Biden que, en esencia, representa al viejo establishment, el peso de la diplomacia y las buenas maneras en la política. No, él quiere algo disruptivo que socave el viejo sistema corrupto y lleno de privilegios.

AMLO necesita un referente que le ayude a sostener esta narrativa frente a las próximas elecciones, para no correr la misma suerte que Trump.

*El autor es analista político.

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