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AMLO, el estadista

Como todo evento político no cotidiano; en cuanto AMLO anunció reunirse con el racista Trump desbordó una catarata de sentires que oscilaron de la conjetura al juicio de valor sin desdeñar el insulto... 

Por Antonio Medina de Anda

Como todo evento político no cotidiano; en cuanto AMLO anunció reunirse con el racista Trump desbordó una catarata de sentires que oscilaron de la conjetura al juicio de valor sin desdeñar el insulto, que inducido o espontáneo, por los resultados conocidos los nebulosos autoproclamados analistas como el vocerío adverso al Presidente divagaron en las prevenciones de lo que presumieron resultaría y nunca ocurrió, al contrario, restando las estimaciones matraquearas de los aburridos de la 4T existen supuestas valoraciones de rigor que definen de positiva la visita presidencial a Washington.

Precisa rescatar que a partir del encuentro del mexicano con el gringo, ciertos politólogos encontraron una buena razón para ¡Eureka! detectar al “estadista que por dentro guía al Primer Mandatario” y, aunque ninguno de los detectores mencionen la relación Estado-Estadista, tal se tratara de un artículo de fe o pintura abstracta trazan a los mexicanos y al país aislados entre sí, como algo donde el individuo es simple complemento, un accesorio del Poder establecido que parejamente debe representar a todos, sin reproches ni confrontaciones como si la historia no entrañara lo del jerárquico esclavismo romano al capitalismo contemporáneo.

Precisa señalar que antes de “hallarle” la inclinación de estadista a López Obrador los clanes conservadores, sobremanera la derecha empresarial, propagó suponer a AMLO como un gobernante pendenciero, buscador de querellas, interesado en “dividir a los mexicanos” en buenos y malos o, más insensato, inculpando de toda ruindad ocurrida en México a sexenios anteriores, lo que sistemáticamente difundido, llevó a tramar y anexar la correspondiente esquela: “el tabasqueño –cinceló  el epitafio de la 4T  la tenebrosa reacción”-  agravia e injuria a quienes no coinciden con sus opiniones y acciones”.

Asediado por la conocida y ruidosa campaña Obrador dispuso su mejor ánimo lo cual, repito, acreditados examinadores lo ponderan de haber procedido, frente al pedante yanqui, con altura de estadista pero ¿qué razones ofrendan? ¿Cuál argumento anteponen? ¿Cómo razonan? ¿Por qué la caracterización? Resulta que tal distinción hacia el Presidente de manera puntual coincide con las críticas, amonestaciones y vituperios promovidos por la maquinaria opuesta al morador del Palacio Nacional ya que, apuntan quienes le otorgan diploma de estadista o jefe de Estado, delante de Trump y en la posterior mañanera se comportó como un representante para todos, incluyente, moderado y nada rijoso al no confrontar, descalificar y dejar de lado la palabra neoliberal, conservador, chayoteros ni hacer denuncias…

Así de simplistas, quienes prestigian al morenista de estadista enfatizan que dicha virtud, para mantenerse ilesa y coherente, reclama a López Obrador dejar de  lado la “soberbia y confrontación dando paso a la habilidad y conciliación”. En pocas palabras la receta es fingir e encubrir. El engañar ofreciendo fórmulas para gobernar otro lugar menos el México real. El actuar de manera ecléctica fingiendo conciliar a los explotadores con sus explotados o bien sustentando políticas híbridas que procedentes de historias desiguales intentan armonizar a pobres y ricos para ver si resulta algo diferente.

En efecto, la derecha como el camaleón suele cambiar de colores…

* El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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