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Ciudad Obregón De política y cosas peores

La última del año

¡Hoy! ¡Sí, hoy aparece aquí “El chiste más pelado del año”! Su contenido sicalíptico es tan alto que las personas con escrúpulos morales deben abstenerse de leerlo. En su lugar pídanle a alguien que se los lea.

Por . Catón

¡Hoy! ¡Sí, hoy aparece aquí “El chiste más pelado del año”! Su contenido sicalíptico es tan alto que las personas con escrúpulos morales deben abstenerse de leerlo. En su lugar pídanle a alguien que se los lea.

El tal cuento hará seguramente que los censores de la pública moral frunzan el ceño, entre otras cosas. Antes de dar salida a la tremenda narración relataré otras no menos picarescas a fin de preparar el ánimo de mis cuatro lectores para la lectura de ese vitando chascarrillo.

Comencemos. Los hombres de edad madura no necesitan ya ir al laboratorio de análisis clínicos a que les hagan un examen de orina. Por sí mismos pueden practicárselo, y determinar mediante una sencilla observación el problema de salud que los aqueja. Lo único que el interesado tiene que hacer es salir temprano en la mañana, en ayunas, al jardín o patio de su casa, y orinar ahí. Si se juntan las hormigas es que tiene diabetes.

Si al orinar se moja las puntas de los pies eso indica que padece algún problema de próstata o disfunción eréctil. Si la orina presenta olor a carne asada es que hay colesterol y triglicéridos. Si al sacudirse la ésta al terminar de orinar le duele la muñeca, es que sufre de artrosis. Y, finalmente, si al regresar a su cuarto la lleva de fuera, eso es Alzheimer.

Un propietario rural tenía una burrita por la cual sentía singular aprecio. La cuidaba con esmero, la llenaba de mimos y regalos. Le hizo construir junto a su casa un establo para ella sola, y ahí la visitaba cada día, le hablaba con palabras dulces y la acariciaba con ternura. Tanto quería el hombre a la burrita que le compró una fina manta de franela blanca, y con ella la tapaba a la caída de la tarde para que no sintiera frío por la noche.

La dicha manta cubría a la pollina desde la cabeza hasta la grupa, y llegaba al suelo a efecto de que el sereno de la madrugada no le entrara por abajo.

Una mañana se levantó el sujeto y lo primero que hizo, como siempre, fue ir a saludar a su burrita. ¡Horror! El animalito no estaba en el establo. De seguro alguien dejó la puerta abierta y la burrita se salió. Preocupado, su dueño la buscó en las cercanías de la casa y no la halló. Hizo que sus trabajadores salieran a buscarla en los alrededores. La búsqueda resultó igualmente inútil.

El propietario se afligió. Sabía que por la comarca merodeaba un burro manadero, bestia capaz de los más grandes abusos. No quería ni pensar lo que sucedería si el incivil jumento llegaba a percibir los aromas de la inocente burrita. Desesperado salió en su vehículo a buscarla. Durante varias horas recorrió todos los caminos rurales, y las brechas.

No la halló. En eso vio que venía un campesino en su carreta. Se detuvo y le preguntó lleno de angustia: “Perdone, amigo. ¿No ha visto una burrita cubierta desde la cabeza hasta la grupa con una manta de franela blanca?”. Respondió el sujeto: “No. Lo único que vi fue una burra con un moño en la cola”. (No le entendí). Una pompa de mujer le dijo a su compañera, la otra pompa: “No es justo. Nosotras somos las que los atraemos, y el vecino es el que la goza”. Ha llegado finalmente la hora de sacar a la luz “El cuento más pelado del año”. Ya dije que es sumamente sicalíptico. Aún es tiempo de que las personas pudibundas suspendan aquí mismo la lectura y se salten hasta donde dice: “FIN”.

En el lecho conyugal el hombre se arrimó a su esposa con intenciones evidentemente eróticas. Ella lo apartó. Le dijo: “Esta noche no. Mañana tengo cita con el ginecólogo”. Preguntó el marido, ilusionado: “¿Pero verdad que no tienes cita con el odontólogo?”. (Tampoco le entendí). ¡Feliz Año Nuevo!... FIN..

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