Columnas Donald 'El Mejor'

Termómetro mental

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He hecho varias columnas sobre el trastorno de la personalidad de Trump y sus consecuencias. Casi diariamente nos ofrece una confirmación de más de lo mismo que va “in crescendo” conforme pasan los años. Los trastornos de la personalidad se caracterizan por tener constantes e inamovibles rasgos de la personalidad. La personalidad de Trump es exactamente la misma desde que era un reality show. No es un idiota, no es tonto. De hecho, es muy inteligente en una sola área, la negociación, mejor dicho, en ganar. Hay personas con grandes capacidades intelectuales para el comercio o el manejo del dinero y lo que asombra es lo pobre de su inteligencia con la vida. Pocas veces en la historia humana un imperio ha estado en manos de un gran narcisista. Que él haya llegado a la presidencia es más un síntoma que mérito de él. La historia lo puso allí y él supo aprovechar mediante acciones que tienen la maldad del narcisista. América primero y yo el mejor. Decirle “Donald, El Grande”, más que un apodo sería un sarcasmo. Sorprende ver lo frecuente que es que él diga que es el mejor en algo. Parece que ya nadie se escandaliza que diga constantemente que es el mejor del mundo en esto y aquello. Aunque provocó carcajadas en la ONU, no le afectaron. En sus tweets y discursos abundan frases como “nadie como yo” o “mejor que todos”. Es un poco como el rey que era tan limitado de inteligencia que un costurero le convenció tenía magia como para confeccionarle un vestido invisible a sus ojos, pero bellísimo ante los de los demás. El cuento incluye un recorrido en donde la gente temerosa le aplaudía cuando pasaba él desnudo montado en su corcel. Finaliza el cuento con un inocente niño que grita que el rey está desnudo. Ese grito existe en la sociedad americana, pero solamente en una mitad. La otra mitad es la que no deja de aplaudirle al rey quien se imagina visto solo con admiración. Trump no miente ni exagera, me refiero a que su personalidad es genuina. No actúa, así es él. No tiene ese histrionismo inevitable para todo político ante las masas, él no llega a su casa a quitarse la careta, así es de tiempo completo. Admito que puedo estar equivocado y sí tenga una capacidad intelectual baja, o un daño neurológico, como muchos especialistas afirman por lo que oyen y ven en su continua exposición a los medios. Si revisan los criterios diagnósticos del trastorno de la personalidad narcisista y piensan en Trump me entenderán. Pienso en mañana, dos de octubre no se olvida. * El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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