Columnas Salud intestinal Vs. salud mental

Termómetro mental

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Es reciente la confirmación de que menos de la mitad de las células en un cuerpo humano son humanas, el resto son bacterias, hongos, virus y arqueas. Cuantitativamente hablando, somos más animal que humano. Este zoológico que somos tiene consecuencias genéticas. El genoma humano tiene unos 20,000 códigos de transformaciones de la materia biológica. Si sumamos los genes de esos “no humanos” que forman parte de nuestro cuerpo, podríamos llegar hasta 20 millones de códigos o gen. Esta enorme carga genética parece estar asociada a enfermedades como el cáncer o las alergias, o al recientemente descubierto eje intestinos-cerebro, una embrollada red de mensajes nerviosos, hormonales y químicos diversos que parten tanto del cerebro como del intestino. Los extremos del eje son el cerebro y el genoma de la flora intestinal. Es difícil imaginar la cantidad de 100 billones, que es el número aproximado de bacterias que vive en nuestro intestino. Además, el intestino como tal se considera un segundo sistema nervioso que funciona autónomamente y organiza, entre otras cosas, el complejo movimiento de los intestinos. En psiquiatría es frecuente observar que al resolver un trastorno de ansiedad o depresivo se resuelva uno intestinal. Fuera del cerebro solamente en el intestino abundan los neurotransmisores. Son sustancias que promueven la activación de receptores en las neuronas. Al incidir con psicofármacos en los neurotransmisores frecuentemente incidimos en ese sistema nervioso intestinal. Más reciente, y más complejo aún, son los hallazgos de que estas bacterias pueden estar muy asociadas a trastornos de ansiedad, del ánimo y quizá hasta el autismo. No queda manifiesta la relación, no podemos decir claramente, aún, de qué manera afecta a la otra. Por ejemplo, podría ser que la misma falla genética que determina el autismo determina a su vez su singular flora intestinal. Las personas con condición autista suelen sufrir problemas intestinales asociados a su flora. De la misma manera es frecuente que el estrés se manifieste en la función intestinal. La mal llamada colitis nerviosa finalmente es lo que tiene que ver con este eje de comunicación y similitudes entre los dos sistemas nerviosos. La colitis es una condición que abunda en el paciente ansioso. Finalmente lo más novedoso está siendo el trasplante de excremento, sí, leyó bien. Una persona traga o se le inserta con un tubo, el excremento de otro sujeto sano lo que impacta en ese zoológico intestinal al grado de resolver casi al 100% alguna grave infección intestinal. Pero el asunto va más allá. Se está estudiando y demostrando el efecto terapéutico que tiene este trasplante fecal en el hígado o en el cerebro. Una enorme investigación está en proceso asociando las ventajas de esta ingesta del excremento del otro sobre la depresión, inició este año y tendremos los resultados preliminares el 2020, anticipo grandes sorpresas. * El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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