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Columnas ‘Folie a deux’

Termómetro mental

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Dentro de las especies animales hay diferencias sustantivas en la intensidad y calidad de interacción social. Hay algunas que interactúan solamente por unos segundos durante el apareamiento, otras dependen de pertenecer a un grupo para su sobrevivencia. El Homo sapiens es dependiente de lo social, no instintivamente organizado, como los animales, sino simbólicamente organizado. Cuando esa inserción en lo simbólico falla el sujeto se aísla, no sabe o no puede convivir con los demás. Hay humanos que tienden a vivir en solitario e interactúan para lo necesario solamente, un paradigma, un extremo, son los trastornos de la personalidad con rasgos esquizoides o las sicosis. Para un estructuralista la ley fundamental que organiza el mundo simbólico en el habla, es la prohibición del incesto. Singular ley, que, sin tener que escribirla o decirla, la asumimos en nuestro esquema original mental y así se sostiene a lo largo de la vida. Recordarán que recientemente hubo una balacera en Playas en donde un hombre se sicotizó y mató a su bebé y a su esposa. Por si fuera poco, nos informan las autoridades que la pareja eran hermano y hermana. El incesto es una actividad que se da casi únicamente en la sicosis. No incluyo el abuso sexual del padre al hijo o hija, este es un fenómeno terriblemente frecuente y con graves consecuencias patológicas en la víctima, allí no hay sicosis sino sicopatía. La prohibición del incesto es el modelo simbólico original que determina con quien no puedes casarte o involucrarte sexualmente. Esta ley se aplica fuertemente entre hermanos, por ello la frontera entre los juegos sexuales infantiles y el abuso es, en ocasiones, borrosa. Desde la adolescencia esta ley de prohibición del incesto organiza original y simbólicamente nuestros tabúes y prohibiciones posteriores en la vida. Es el modelo original de la prohibición. Dos hermanos adultos con vida matrimonial ya no es un asunto infantil, es sicosis. Un tema socorrido en las novelas es un incesto que no se sabía que era incesto. Pero saber de dos hermanos que cohabitaban y procreaban hace que no sorprenda tenga un final tan locamente violento. Me pregunto si alguien investigará y ofrecerá una autopsia sicológica del autor de estos homicidios, seguramente encontraría una larga historia de la llamada “folie a deux” o locura a dúo, cuando se comparte un delirio. Me recordó un caso sobre el que he escrito y hablado mucho, las hermanas Papin. Otro caso, masivo y tristemente célebre, fue el de Jonestown con su suicidio colectivo de más de 900 personas. No tengo espacio para narrarlos, pero sí para sugerir su búsqueda en la red. Usualmente una de las sicosis domina sobre la del otros, hay un sicótico dirigiendo estos episodios. Son sumamente raros. El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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