Columnas Venom Dir. Ruben Fleischer

Sueños de plata

Por Manuel Ríos Sarabia

Dentro de la, desafortunada e interminable lista de cine basado en comics, totalmente indeseable e innecesario, se posiciona la nueva entrega de Sony/Marvel, dirigida por Ruben Fleischer (Zombieland, Gangster Squad). El personaje que, hace treinta años, capturó la imaginación de millones de preadolescentes tras su aparición en la historieta número 300 de El Hombre Araña (Spider-Man 300, 1988), regresa a las pantallas después de una accidentada aparición en la desastrosa Spider-Man 3 de Sam Raimi (2007). En esta ocasión, como ya es una costumbre en estas películas, se vuelve a empezar de cero, presentando un nuevo origen de la titular criatura, ahora (por cuestiones de derechos) desvinculada totalmente del Hombre Araña. El periodista de investigación, Eddie Brock (Tom Hardy) se especializa en revelar los aspectos ocultos de las empresas y sus líderes, que se enriquecen a costa del bienestar del planeta. Uno de estos casos es el de Carlton Drake (Riz Ahmed), y su corporación “Life”, que se ha aventurado a la exploración espacial en busca de bienes raíces para el futuro cercano, en que la Tierra será inhabitable a causa del calentamiento global y la sobrepoblación. Tras un accidente durante la primera misión espacial de “Life”, el transbordador cae a la tierra con su carga de organismos extrarrestres, los cuales son inmediatamente recuperados por la corporación y bautizados como simbiontes por la relación parasítica/simbiótica que establecen con su huésped (animal o humano). En su búsqueda por la unión perfecta entre simbionte y humano, Carlton sacrifica “voluntarios” a granel, para encontrar lo que cree será la llave para su conquista del espacio. Hurgando entre documentos de su prometida Anne (Michelle Williams), quien trabaja como asesora legal para “Life”, Eddie descubre multiples muertes vinculadas a las “investigaciones” científicas realizadas por la corporación y decide indagar más a fondo sobre el tema. Esto lo lleva a infiltrarse en las instalaciones de la empresa y finalmente ser infectado por uno de los simbiontes, creando a Venom. Hasta este punto la cinta intentaba ser una mezcla de horror y ciencia ficción bastante ineficaz pero tras la unión de Eddie y el simbionte se transforma en una vergonzosa versión cómica de Jekyll y Hyde. El guión, que a través de conversaciones forzadas, intenta explicar de forma por demás torpe todo lo que sucede, no sabe hacia dónde dirigirse, columpiándose entre la violencia, la acción y la comedia sin lograr tener éxito en ninguno de los géneros por los que apuesta. Fleischer de igual forma parece estar perdido dentro del material que, por contrato, debe manejar, haciendo guiños a otras cintas y (por obvias razones) abusando de los efectos digitales pero sin lograr conectar con sus actores que parecen estar trabajando en películas distintas. Tom Hardy hace de su Eddie Brock un caso de bipolaridad extrema, creando a un tipo que pasa de ser un profesional híper seguro a un individuo inepto y borrico para las relaciones interpersonales y la coordinación física, quien al conectarse con Venom termina convirtiéndose en una versión recargada de Jim Carrey en “The Mask”. Michelle Williams, por su parte, absolutamente desperdiciada y desorientada en su papel, ocultando su vergüenza bajo la peor peluca que se pudo encontrar. No hay mejores palabras para describir esta experiencia cinematográfica, que las utilizadas por el mismo Venom, mientras amenaza a un criminal: “Como un pedazo de excremento en el viento”.

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