Columnas Nuestro Tiempo Dir. Carlos Reygadas

Sueños de plata

Por Manuel Ríos Sarabia

A diferencia de los “Tres Amigos” (Cuarón, del Toro e Iñárritu), que son reconocidos comercialmente en todo el mundo, el nombre de Carlos Reygadas no es muy sonado fuera de los festivales de cine o círculos cinéfilos, sin embargo, es sin duda uno de los pocos directores mexicanos con una propuesta sólida, misma que ha sostenido a lo largo de dieciséis años y seis largometrajes. Su cine presenta una visión naturalista, casi documental, de la vida, mezclada con una abstracción surreal, que aparentemente carece de sentido narrativo. Nuestro Tiempo marca una diferencia en la filmografía de Reygadas en el sentido que, a pesar de su duración de tres horas y sus digresiones preciosistas, se podría decir que, de sus cintas, es la que tiene una narrativa lineal más convencional y claramente definida. Juan (Reygadas) es un ganadero que vive una tranquila vida de campo junto a su familia, en un rancho de Tlaxcala, hasta que la presencia de un entrenador de caballos estadounidense irrumpe en su idílica existencia. En esta ocasión son precisamente el director, su esposa (Natalia López) y sus hijos quienes representan a la familia protagónica. El utilizar “no actores” ya es una costumbre para Reygadas, y en este caso, el hecho de que su familia interprete una versión de ellos mismos en pantalla, le brinda cierto realismo a la representación; desafortunadamente, al no contar ninguno con experiencia histriónica, en más de una escena, las actuaciones resultan deficientes y forzadas. Por momentos la sensación de que los diálogos están siendo improvisados en el instante, y sin ningún éxito, es inevitable. El conflicto inicia para Juan cuando se percata de que su esposa, con quien tiene de común acuerdo una relación abierta, está viendo a Phil (Phil Burgers) a sus espaldas. Este descubrimiento lo desequilibra y expone poco a poco su lado más inseguro, el cual externa a través de celos, posesividad y los malos tratos. Conforme la relación de Natalia con Phil se prolonga, la discordancia entre ella y Juan incrementa. Son justamente las escenas en que estos últimos discuten constantemente, las mejor logradas a nivel actoral, debido al tono elevado y al uso de tomas fuera de campo en las que sólo escuchamos los exacerbados reclamos que se hacen el uno al otro. El retrato que expone Reygadas de una pareja en pleno proceso de resquebrajamiento es en esencia un cuestionamiento acerca de la perpetuidad del amor y si este concepto es, si quiera, algo posible o conveniente dentro de cualquier relación. Aunque la combinación de imágenes naturales magistralmente captadas y los conflictos existenciales personales, remite inevitablemente al cine de Terence Malick, con el que “Nuestro Tiempo” tiene sin duda gran similitud, Reygadas mantiene su personalidad a través de tomas aisladas, de distintos aspectos, dentro de una misma secuencia. Esto no siempre funciona (tomas del interior de un motor), pero cuando sí, obtenemos imágenes mágicas (la vista aérea de la ciudad de México). El único momento que podría estar fuera de lugar en la cinta, justo antes de su climax, es la inclusión de la música del Muertho de Tijuana, que ya en si misma marca un trance surreal en la secuencia, pero que con su delirante aparición a cuadro alcanza un nivel por demás estridente, que refleja la distorsión latente en al interior de Juan. Con “Nuestro Tiempo” Reygadas demuestra, innegablemente, ser uno de los mejores trabajando en su campo y pone de manifiesto la importancia y necesidad de su cine, el cual, como el amor, “es dúctil y ante todo imperfecto.”

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