Columnas El habitante Dir. Guillermo Amoedo

Sueños de plata

Por Manuel Ríos Sarabia

El director uruguayo Guillermo Amoedo realiza una sorpresiva incursión dentro del cine mexicano con su cinta “El habitante”. Sorpresiva, porque a diferencia de otras producciones mexicanas dentro del género de terror, el trabajo de Amoedo y compañía es de superior manufactura y aborda fuertes temas de interés social de una manera inesperada. Con una sencilla premisa, que recuerda demasiado a la cinta hollywoodense de su compatriota Fede Álvarez (“No respires”, 2016), pero también, en menor manera la estructura y el manejo que utilizó Hitchcock en “Psicosis” (1960), Amoedo presenta a tres chicas dispuestas a llevar a cabo un robo en la casa de un corrupto senador. Camila (Vanessa Restrepo) justifica su acto, ante sus dos compañeras, María (María Evoli) y Ana (Carla Adell) con el hecho de que el dinero es producto de la corrupción, y ante la insistencia de ellas se compromete a no hacer daño a nadie. Una vez dentro de la casa, en búsqueda del dinero, las jóvenes se topan con un inaudito secreto, oculto en el sótano, que las obliga a confrontar al senador José Sánchez-Lermontov (Flavio Medina) y a su esposa Angélica (Gabriela de la Garza) al respecto. El macabro descubrimiento abre profundas heridas dentro de Camila y María, quienes inexplicablemente empiezan a revivir el desgarrador pasado cifrado en sus mentes. Como en las mejores películas de terror, Amoedo aprovecha el género para profundizar en temas mucho más escabrosos y trágicos que cualquier posible monstruo o evento sobrenatural. En este caso específico, se trata de uno de los actos más despreciables y repugnantes posibles, la violencia y abuso sexual intrafamiliar y sus consecuencias físicas y sicológicas. Con un inteligente guion propio, Amoedo constantemente da vuelcos de tuerca que, en el estilo de “Psicosis”, cambian el enfoque de la trama y a las/los protagonistas. Lo que parecía seguir una sencilla historia, contada prácticamente en su totalidad en el avance cinematográfico, da giros más interesantes de lo esperado e incluso cuando parece que simplemente se convertirá en un remedo de “El exorcista” resurge con un nuevo giro. El resultado es una película que enfoca su ataque sobre varios de los demonios que aquejan a la sociedad mexicana (y mundial), la corrupción, el abuso sexual, la religión, a la vez que presenta una hipotética (y sobrenatural) raíz a todos estos males, mucho más manejable para la mente humana que la simple aceptación de la maldad inherente de su propio ser. ¿Qué explicación creíble se puede encontrar ante el inconmensurable mal que ha permeado la existencia de la humanidad? La frase “el humo de Satanás hace años que entró a la iglesia”, expresada por un personaje durante un momento clave, podría ser una declaración innegable frente a la historia del catolicismo y sus atrocidades. La existencia e infiltración de esta supuesta entidad maligna, no sólo en la iglesia, sino en todos los aspectos sociopolíticos mundiales, podría ser la perfecta justificación del resquebrajamiento global que presenciamos. El constante fortalecimiento de las oligarquías, el control de la política mundial por los bancos, la violación incansable de los derechos humanos, la absoluta destrucción de la Tierra y la masacre de todas sus especies… ¿Finalmente el diablo le hizo creer a todos que no existe, o siempre estuvo alojado en el corazón de cada habitante de nuestro planeta, esperando el momento justo para hacer su trabajo? El autor es editor y escritor en Sadhaka Studio.

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