Columnas Instituciones y mafias

Quietud en movimiento

Por Roberto Quijano Luna

El común denominador que tienen todos los países desarrollados no es la superioridad de su cultura, clima, geografía o riqueza natural. Lo es la fortaleza de sus instituciones económicas y políticas. En México, no se ha optado por la construcción y consolidación de instituciones sino por su apoderamiento y cooptación por parte de voraces mafias económicas y políticas. México no es un país de instituciones, es un país de mafias. Las hay de todo tipo: las del poder, las del crimen organizado, las sindicales, las campesinas y muchas más. Combatirlas y desmantelarlas será la gran proeza que nunca veremos (al menos en el futuro cercano). Su influencia y poder están por encima del ciudadano promedio. No importa qué partido político gane, una mafia sale, otra entra. Aunque pierdan, ellos siempre ganan. Hace algunos días, el presidente electo visitó los laboratorios de producción de plantas tropicales de Agromod, empresa propiedad de Alfonso Romo. Todo apunta a que el empresario regiomontano será reivindicado como el señor de los negocios del próximo sexenio. Sale la mafia del poder prianista, entra la mafia del poder morenista. ¿Qué son unas elecciones sino el medio idóneo para escoger quién te robará los próximos seis años? No me cabe duda que en países desarrollados existen colusiones y cofradías entre gobiernos y mafias, la gran diferencia es que en estos hay una respuesta institucional que deriva en consecuencias legales. En países como México, no pasa nada. Nada augura que el próximo gobierno tenga un compromiso real para combatir la corrupción y construir instituciones. Los nombramientos de los Bejaranos, los Monreales, los Bartletts y demás impresentables ponen en duda aquello que decían que “la corrupción se barre de arriba para abajo”. Una vez más las mafias, en este caso unas que llevaban años en la banca, se apoderarán de nuestras instituciones. En el plano de lo local, el asunto es todavía más grave. Baja California alberga quizá lo más putrefacto de la clase política mexicana. Una combinación perversa de corrupción, ignorancia e irresponsabilidad caracteriza a nuestros caciques. En su espectro político tan limitado no figura la construcción de instituciones. Todo lo contrario, las saquean y las abandonan cual horda de bárbaros (una disculpa a los pueblos bárbaros). Lo más trágico de esto es el tiempo y oportunidades perdidos. Nadie nos devuelve 3 o 6 años que pudieron ser dedicados a la cimentación de las instituciones del futuro. Ellos se van con su botín de guerra producto de sus saqueos, mientras la espiral de violencia y la descomposición del tejido social se perpetúa. El México del mañana es el México de instituciones. Por más que nos intenten vender una república del amor, reconciliación y toda aquella faramalla del new age político, no deja de ser un reempaquetado del México de las mafias que tanto daño han hecho. En la próxima columna, formularé algunas propuestas en materia de ingeniería institucional en el plano de lo local. *El autor es abogado egresado de la Universidad Panamericana.

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