Columnas Ganar por ganar

Quietud en movimiento

Por Roberto Quijano Luna

Según indican las tendencias al día de hoy, el próximo presidente de México sería Andrés Manuel López Obrador. ¿Por qué el tabasqueño, quien ha perdido sus dos últimos intentos por llegar a la investidura presidencial, ahora sí ganará? Sencillo, finalmente aprendió de sus errores. La elección en el Estado de México en 2017 fue una última llamada. Morena perdió con una candidata limpia frente a un PRI-gobierno que le apostó todo a sus peores prácticas para no soltar su bastión sagrado. La estrategia de batalla tenía que cambiar si aspiraba a ganar. En 2006 y 2012, contaba con una estructura política mínima y un sistema defensor del statu quo peleando tenazmente en su contra. En cambio, en 2018, su partido Morena cuenta con una sólida presencia en todas las entidades federativas e incorporó a parte de ese sistema a su equipo más cercano. Resumidamente, López Obrador dejó de lado su terco idealismo para entrar al mundo del pragmatismo. El pragmatismo no es enteramente malo ni bueno; finalmente, es una dosis de realidad (eufemismo de cinismo) que permite ver las cosas como verdaderamente son. Si quieres ganar es formando alianzas con tus antiguos adversarios y cediendo esa pureza ideológica incorporando a gente del sistema. Muchos morenistas responderán a las críticas del reclutamiento de Manuel Bartlett, Germán Martínez o Napoleón Gómez Urrutia con el falaz argumento de la apertura y pluralidad de su partido. Sus bases sociales que han estado del lado del movimiento desde el inicio y buscaban una verdadera transformación han sido relegados a un plano secundario. El caso del colectivo LGBT de Morena es dramático. A pesar del consultismo de sus derechos, alianza con el ultraderechista PES y designación del yunquista Manuel Espino, lo siguen apoyando. Por supuesto cuando los otros partidos abiertamente se oponen a su agenda, quedarse con las migajas que les ofrecen en Morena al menos representa un avance para ellos. Todo augura que el Movimiento de Regeneración Nacional obtendrá la presidencia de la República, mayoría en el Congreso, algunas gubernaturas y alcaldías importantes. Después de tantos años de lucha, finalmente dejarán las filas de la oposición para ser gobierno. Una vez que tomen protesta, se les tiene que apoyar en lo que tenga que apoyarse y criticar implacablemente donde haya que hacerlo. La situación de México es crítica y necesita que todos demos batalla desde nuestras respectivas trincheras. Aquellos que vociferan diariamente que de ganar López Obrador nos convertiremos en Cuba o Venezuela, no teman. Nada indica que nos convertiremos en esos países latinoamericanos. En cambio, todo indica que seguiremos siendo el México con el sistema político de siempre. En esencia, esta elección es un refrito del año 2000 para bien o para mal. El hecho de que gran parte del sistema, quizá no apoyando pero tampoco antagonizando abiertamente a López Obrador, indica que podría ser una última carta para sobrevivir y adaptarse a lo que viene. El PRIAN quedó en el pasado, lo de ahora es la época morenista del sistema. Ganar por ganar. *El autor es abogado egresado de la Universidad Panamericana.

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